(Traducción del francés de Javier Sologuren)
Descendiendo la rocalla de plantas escarlatas
No tenemos más poder retrasándose sobre las decisiones de nuestra vida que el que poseemos sobre nuestros sueños a través de nuestro sueño. Apenas más. Realidad casi sin elección, asaltante, asaltada, que extenuada se deposita, luego se yergue, se quiere fruto de caos y de esmero ofreció a nuestra civilización. Caravana deleitable.
Así vamos.
De pronto, nos sorprende la orden de alto y la señal de torcer a un lado. Es la obra.
¿Cómo devolver a la enredadera del soplo la hemorragia indescriptible? Vana pregunta, aun si un tal ascendiente hubiera tenido su hora en nuestras casas disimuladas. No hay peor simplicidad que la que nos obliga a buscar refugio. No obstante la tierra donde deseamos no es la tierra que nos entierra. El martillo que la afirma no tiene el golpe crepuscular. ¡Oh mi haber- fantasma, que se acuesten y duerman; la lechuza los iniciará ! Y ahora, soy yo quien va a vestirte, amor mío.
Caminaremos, caminaremos, ejercitándonos aún a un hito injustificable a una distancia feliz de nosotros. Nuestras huellas toman lengua.