Agustín Prado Alvarado.
No me esperen en abril(1995) fue acogida con fervoroso entusiasmo por el público y la crítica literaria tanto en el Perú como en Hispanoamérica. Todo hacía pensar que Bryce había retomado los temas que cultivó en sus inicios como escritor y que produjeron sus mejores frutos: el de la adolescencia y la juventud en sus diferentes facetas presentes en libros como Huerto cerrado y Un mundo para Julius.
Lamentablemente Reo de nocturnidad(1997) ha reincidido en su tema "fetiche" que había sido explorado en llas cuatro novelas anteriores a No me eseperen en abril: el intelectual que aspira a ser escritor o que desempeña una labor artística en cuya vida siempre ronda una mujer que deja huellas en su existencia (sea mendiante una idealización o un desengaño). En Reo de nocturnidad Bryce Echenique presenta por quinta vez una situación semejante.
Y no es que pretenda reducir las faltas de su última novela a la ausencia de un tema "original" (las novelas no se hacen efectivas y valiosas solamente por los temas, a ellas hay que añadirles y amalgamarles el estilo, la estructura que forman un todo). Sin embargo, en esta ocasión, la saturación de situaciones ya predecibles por los seguidores de la narrativa de Bryce Echenique hacen pensar que su registro aparece nuevamente pero gastado. Pese a ello será el estilo de esta novela, que también es típico en sus obras, el que confiera los puntos a favor a Reo de nocturnidad.
En esta historia Max Gutiérrez, el narrador-protagonista, conduce el hilo argumental de esta novela empezando a narrar una etapa muy significativa de su vida. El diseño de esta gran analepsis es la confesión que dicta a modo de terapia a una joven alumna, Claire. Por medio de esta confesión terapia asistimos a la pasión amorosa no correspondida que surge entre este profesor peruano quien dicta los cursos de literatura comparada, por la modelo Ornella Manuzio, desencadenando en Max Gutiérrez un interminable insomnio que lo llevará a situaciones limite.
Este recuerdo obsesisvo por Ornella se combina con un atmósfera súbitamente absurda y patética de la ciudad universitaria de Montpellier, donde enseña el protagonista.
La construcción de esta larga analepsis se ve interrumpida muchas veces, por los diálogos entre el enfermo profesor peruano y la estudiante Claire, que funcionan para desarrollar la otra rellación de amor en un sentido completamente opuesto al sostenido entre Max Gutiérrez y Ornella. Pues Claire, quien se acaba uniendo sentimentalmente al narrador, permitirá mostrar el lado catártico de las trágicas situaciones en las que se había hundido el afrancesado profesor peruano.
Como siempre el humor, en ese estilo inconfundible de Bryce Echenique, ha hecho de esta novela una lectura agradable por la manera de presentar situaciones rabelesianas (Rabelais también es invocado en más de una ocasión) donde los personajes secundarios, sobre todo los que pueblan la ciudad de Montpellier, aparecen caricaturizados en sus más notorios defectos. De esa manera formando el complemento y la contraparte del protagonista.
En resumidas cuentas no es éste un libro contundente como lo fue No me esperen en abril (la cual se ha considerado como una de sus mejores obras). Pero es preciso dejar en claro que el tema elegido para Reo de nocturnidad en La vida exagerada de Martín Romaña alcanzó su punto más alto. En esta ocasión nos presenta un tema amargo, endulzado por ese humor que ayuda a esquivar lo patético gracias también a la brevedad de la novela que hubiera naufragado completamente si su extensión hubiera sido la de Un mundo para Julius, por ejemplo.
No pienso que Bryce Echenique esté perdiendo sus dotes de escritor pues quién podría negar su talento. Pero en esta novela no ha girado nuevamente la tuerca: seguramente después podría escribir un libro con el tema que repite desde Tantas veces Pedro (1977) y producir un gran texto. El problema reside, como señalé líneas arriba en lo predecibles que se han convertido sus argumentos. Tampoco se le pide retomar los temas iniciales donde tal vez resida el Bryce mas entrañable, no en vano hace pocos años recibió de un numeroso grupo de intelectuales (Debate/N 81/ febrero-abril/1995) la distinción de haber escrito la mejor novela peruana.