Julio Jesús Galindo
¿ Qué mueve al lector a devorar una obra y no descansar hasta cerrar sus páginas? ¿Qué misteriosos aspectos hacen que una novela sea inolvidable? Todo eso, y más, es lo que nos preguntamos ala terminar de lee El anatomista. Federico Andahazi, ha sabido construir lenta, deleitosamente, con la misma paciencia que el protagonista dedica a sus investigaciones, una obra que muy bien puede aspirar a dicho apelativo.
Andahazi, nacido en Buenos Aires en 1963, cuenta en su haber con diversos premios literarios, otorgados a varios de sus cuentos. Pero es El anatomista, su primera novela, ganadora del Primer Premio de la Fundación Amalia Lacroze y finalista del Premio Planeta, la que lo ha catapultado a la fama dentro y fuera de su país.
Esto no resulta extraño si consideramos que tiene los suficientes elementos para satisfacer al lector más exigente. Basta repasar sus características más conspicuas. Escenario: Italia. Época: segunda mitad del siglo XVI. Personajes principales: una anatomista, una prostituta y una dama castellana. Móviles: el amor, la ignorancia, el placer.
Comencemos con el protagonista. Mateo Renaldo Colón, un anatomista cremonés, discípulo de Vesalio, hace un descubrimiento revolucionario: el Amor Veneris, vel Dulcedo Apeleteur, equivalente al griego kleitoris (clítoris), "el órgano que gobierna el amor en las mujeres". Esta dulce tierra hallada, su particular América, aunque infinitamente menor en tamaño que la de su homónimo genovés, no dejará de causar revuelo o traer problemas a su descubridor.
Dos mujeres determinan el destino de Mateo Colón. La primera, Mona Sofía, la puttana más bella y cara de Venecia, de ojos verdes como esmeraldas y de pezones duros como almendras cuyo diámetro y tersura se dirían los del pétalo de una flor -si la hubiese- que tuviera el diámetro y la tersura de los pezones de Mona Sofía, lo hechiza y condena, por el resto de su vida, a buscar el modo de conquistarla. La segunda, Inés de Torremolinos, una noble dama española, mística y casi a las puertas de la santidad, sufre una misteriosa enfermedad y requiere los cuidados del reputado Colón, cuidados que lo llevarán a hacer el más sensacional hallazgo de la anatomía femenina y, de paso, lo arrastrarán a la implacable persecución por parte del tribunal del Santo Oficio.
Como decíamos al principio, El anatomista es una novela que puede leerse de un tirón. Lo cual, bien visto, no constituye per se una virtud. Los casos abundan. Equivocadamente, está muy de moda calificar la prosa de los nuevos narradores latinoamericanos de "fluida" ó "fácil", como si ambos términos fueran intercambiables. El mérito de Andahazi es demostrarnos lo contrario. Su estilo, hecho de frases cortas y contundentes, sin dejar de ser lo primero, difícilmente podría tildarse de lo segundo. Cuando quiere crear una atmósfera o referirnos un temperamento, el autor argentino deja que las palabras fluyan y conformen, por yuxtaposición, el efecto requerido. Pero estas frases son elegidas con inteligencia, con oficio. Un ejemplo notable es la narración de las visitas diarias de Colón a Mona Sofía, cuando va al bordello, de cinco a seis de la tarde, a retratarla.
En el mismo sentido, es importante destacar el interesante manejo cinematográfico que se despliega a lo largo de la novela. En la mayoría de escenas, somos ubicados con detalle en la acción por el ojo o, mejor dicho, la experta cámara, del narrador.
El único reparo que pondríamos a la obra, justamente derivado de lo anterior, es la división empleada. La novela tiene un prólogo y seis partes, subdividas a su vez en capítulos cortos. Sin embargo, es aquí donde la estructura no funciona del todo bien. Existe, por parte del narrador, una preocupación por culminar cada capítulo con cierta intriga que, al estilo de las teleseries, mantenga el interés hasta "volver de comerciales" (un nuevo caso, negativo esta vez, de feedback con los medios audiovisuales). Pero la mencionada intriga es, en muchos casos, débil o casi nula, resolviéndose inmediatamente. La novela ganaría mucho si se pudiera replantear esta división en capítulos, algo artificial e innecesaria.
Por lo demás, es una obra muy bien trabajada, con personajes y situaciones que permanecen en la memoria del lector; y resulta altamente recomendable.