El doble juego de la ficcionalización y las múltiples posibilidades de lo imposible
Mario Vargas Llosa. La tentación de lo imposible. Madrid: Alfaguara, 2004.

Vanessa Córdova Cáceres

Mario Vargas Llosa en la construcción de La tentación de lo imposible sigue la misma línea de otros ensayos como Gabriel García Márquez: Historia de un deicidio (1971), La orgía perpetua (1975) o La verdad de las mentiras (1990 y 2002). Es decir, se busca la serie encadenada de sucesos que tienen como resultado la concepción de la novela como una forma totalizante. El escritor peruano demuestra una vez más un gran conocimiento del panorama político y social en el cual está inmersa la génesis de la  novela romántica. Del mismo modo, logra evidenciar una preparación intelectual rigurosa en lo que atañe a la poética de Víctor Hugo.

En este caso se trata de un minucioso lector que tras ser irremediablemente seducido por el universo concebido en la obra maestra de Víctor Hugo, Los miserables,  logra desentrañar las claves de la poética del escritor francés y más aun consigue exhibir los mecanismos discursivos y retóricos que subyacen al texto. Como en trabajos anteriores, La tentación de lo imposible hace patente las reflexiones características de Vargas Llosa en torno al proceso creativo del escritor, tales como el carácter de la relación existente entre ficción y la realidad; o la impronta que produce la ficción en la historia.

Las reflexiones inscritas en el texto giran en torno a tres grandes temas: el sujeto trascendente como causa primera y principal instancia narrativa, la naturaleza arquetípica de sus personajes los cuales logran evidenciar la propia inaccesibilidad a nosotros mismos, y la posible influencia de la literatura en la sociedad al desentrañar su incapacidad para garantizar del todo un sentido a la existencia del ser humano. 

El análisis altamente ponderado que nos entrega Vargas Llosa sobre Los miserables pone de relieve el hecho fundacional, único y eterno, que implica el construir un universo a través de la ficción. Uno de los resultados de sus cavilaciones hace un guiño al pensamiento aristotélico al asumir que la novela logra la plena aceptación del receptor tras presentar hechos verosímiles antes que verdaderos sin buscar calzar de modo perfecto la ficción en la realidad. El escritor peruano logra parafrasear paradójicamente a Lamartine quien señala que «lo más débil en la novela de Víctor Hugo es lo novelesco». Es decir, toda esa masa de acontecimientos arbitrariamente inventados que busca llenar los intersticios que existen entre la realidad y la historia, termina siendo la parte débil de la novela.

La tentación de lo imposible consigue develar las múltiples posibilidades que tiene el rostro claroscuro de lo real para presentarse.  Las ficciones literarias son las más llamadas a iluminar constantemente y de modos particulares lo incognoscible, y de este modo lograr transgredir las fronteras del conocimiento. Vargas Llosa nos muestra que el talento verbal  y la fuerza lírica de Víctor Hugo son capaces de dar «un semblante verosímil a las irrealidades».

Se trata de oponer la vida a un espejismo que la deforma infatigablemente e ir multiplicando de modo constante sus posibilidades. En otras palabras, bajo el lente de Vargas Llosa, Los miserables, es la edificación de un universo paralelo donde está inscrito el deseo de sus lectores, universo en el cual cada significante logra duplicarse a sí mismo. El proceso de la ficcionalización lleva inscrito en sí la estructura de doble sentido. De este modo sucede con la palabra ‘merde’ la cual es rebautizada como la más bella de la lengua francesa. El narrador trastoca lo grotesco y lo sublime logrando conferir un nuevo sentido al término. Y ello obedece a otra de las ideas desarrolladas en el texto de Vargas Llosa: la configuración de la realidad tiene como pivote al narrador, el «divino estenógrafo» que se encarga de orientar y comentar minuciosamente cada una las acciones en el drama. Es precisamente allí donde radica la gran diferencia que señalara James Joyce entre la novela moderna y la anterior a ésta. Mientras en la segunda el narrador es aquel ser trascendente que gobierna la realidad, en la novela moderna ya no es el gran dios de la creación que permanece dentro o detrás o más allá o por encima de su obra.

El papel que se le atribuye al narrador de Los miserables resulta muy cercano a uno de los conceptos planteados por Umberto Eco: «la gran enciclopedia». Es decir, el narrador es un auténtico «depósito de sentido» que reúne el saber colectivo de un pueblo, es quien tiene la función de revestir a cada sujeto con una identidad y de conferirle un lugar en su superestructura, en la gran red de significantes que se remiten unos a otros constantemente y que al lograr producir sentido, actúa como una garantía de estabilidad para el sujeto. La óptica de Vargas Llosa nos permite tomar en cuenta que el azar permanece como una constante a lo largo de toda la novela, no como ruptura de la normalidad sino como el fenómeno por excelencia que interviene en la vida de los personajes encaminándolos hacia la felicidad o la desdicha.

Un hecho del cual toma nota el texto de Vargas Llosa es la naturaleza arquetípica de los personajes en la novela de Víctor Hugo. Los personajes son semidioses homéricos que trascienden las limitaciones y debilidades humanas en cuyas hazañas morales se aproximan a los santos más venerables o a los demonios y fantasmas de la sociedad. La tentación de lo imposible plantea que es a la luz de los arquetipos que el ser humano logra develarse a sí mismo. Con respecto a ello,  ofrece al lector la oportunidad paradójica de estar inmerso de lleno en la vida o apartado de ella.  Se trata de un  tipo de supervivencia intramundana sin la cual sería imposible la vida cotidiana. El salirse de la realidad para poder aprehenderla.

El narrador es partícipe del doble juego de la ficción. Vargas Llosa, al igual que en algunos de sus trabajos anteriores, se aproxima a la naturaleza de la relación que existe entre el narrador y el autor de la novela. Muchos de los hechos narrados en Los miserables son resultado de la impronta generada en Víctor Hugo por el contexto político y social en la Francia del siglo XIX. Su rechazo fehaciente a la pena de muerte, patente en la novela, es resultado de una de sus experiencias personales. No obstante, una novela de ficción no es un conjunto de memorias. La tentación de lo imposible plantea que un autor concibe la realidad bajo el prisma de sus experiencias personales. Así, la construcción de una instancia narrativa, que a su vez da origen al universo existente en la novela, no es más que una de las innumerables posibilidades del autor. La construcción de la instancia narrativa es muy similar a la construcción de la realidad dentro de la novela. Lo más significativo no son los parecidos sino las oposiciones, las profundas alteraciones que la imagen artística ha operado a partir de la visión histórica.

La tentación de lo imposible ostenta un interés deliberado por desmentir a quienes han sostenido que Los miserables tiene como eje central los penosos acontecimientos políticos en Francia del siglo XIX. Si bien es verdad que el libro tiene cierto efecto en un nivel social, sus intenciones resultan ser otras. Vargas Llosa se apoya en el prefacio del texto francés para sustentar que en Los Miserables,más que una preocupación por la situación coyuntura, prevalece la insistente búsqueda de la causa primera cuya mirada dota de un nuevo sentido a los acontecimientos. Un ser trascendente que teje los hilos de la historia y reviste de una identidad inexistente al ser humano. El ensayista plantea que el narrador de Los miserables propone la necesidad de rastrear las huellas dejadas por la divinidad a lo largo de la Historia y de percibir los pequeños indicios que conforman la gran novela del ser humano, la vida misma.
Existen ciertas diferencias entre las versiones de 1845 y 1848 de Los miserables y las de 1860 y 1862, diferencias que el escritor peruano no ha dejado pasar por alto. Para Vargas Llosa, en la segunda versión, Víctor Hugo tiene un concepto de novela totalizante más ambicioso. El narrador busca construir una realidad tan copiosa que logre suplantar la creada por Dios, develándose así las intenciones deicidas del narrador. Ello ratifica que la primera preocupación de Víctor Hugo es Dios y en un plano secundario, el ser humano. La perspectiva que maneja el narrador de Los miserables es la de un autor ante su creación, por ello la forma de acceder a él es a través de la obra misma.

Vargas Llosa asegura que la prolijidad de la obra de Víctor Hugo engloba su afán totalizante, además del carácter interdisciplinario que define a la literatura; en ello consiste el doble juego de la ficción, en trasponer una realidad ideal sobre otra más próxima para exhibir las debilidades e imperfecciones de la última. Una ficción es una de las tantas opciones que tiene lo imposible para manifestarse, y lo imposible no deja de ser aquello cuya seducción radica justamente en su inaprensibilidad.

La tentación de lo imposible es un libro que ofrece una perspectiva nueva para la lectura de Los miserables, al abordar el doble efecto de la ficción que proporciona a la humanidad de posibilidades de trascender pero también pone de manifiesto las limitaciones inherentes al hombre. Es decir, por un lado permite atisbar la existencia de un mundo ideal donde se inscribe el deseo de cada lector, y, por otro, evidencia las carencias de cada sociedad y de cada ser humano.