Lo que le queda a la actual literatura española y lo que nos puede dar
Javier Cercas.
Soldados de Salamina.
Barcelona: Tusquets editores, 2001.

Javier Garvich

Para nadie es un secreto que la narrativa española contemporánea está en franca decadencia desde hace casi veinte años: Hipermercantilismo del género, aburguesamiento de su intelectualidad, cobardía de las editoriales, premios literarios de dudosa calidad, cuando no abiertamente amañados, pura falta de imaginación de las sociedades postmodernas... la lista de causas se extiende mucho más allá. Lo real es que la Península ha visto a jóvenes promesas disolverse dulcemente con los años (Jesús Ferrero), viejas glorias que abandonaron sus iniciales (y provocadoras) armas literarias en aras de otras causas, sean políticas o meramente personales (Juan Goytisolo, Félix de Azúa), aceptables escritores demasiado sobrevalorados por los complejos multimedia que los apadrina (Antonio Muñoz Molina), malos escritores descaradamente promocionados por otros complejos multimedia (Juan Manuel de Prada), irregulares imitadores de literatura postmoderna (Ray Loriga, José Ángel Mañas) amanerados best-sellers empalagosamente sentimentales (Antonio Gala), escritores lo suficientemente pesados como para ser bastante leídos en Alemania (Javier Marías)... amén de un largo etcétera de escritoras de mediana edad escribiendo para ellas mismas, políticos metidos a narradores, plutócratas que escriben para combatir su ociosa levedad, intrusos del mundo audiovisual y periodistas que incursionan repetidamente en el género.

De estos últimos vamos a hablar. A ellos no les gustan que le llamen periodistas, aunque se ganen la vida en ese medio. Se consideran escritores de periódicos, redactores de la sección cultural, reseñadores de libros, entrevistadores de intelectuales, tertulianos que firman en la página de opinión y hasta free-lancers que hacen reportajes sobre algún congreso o una exposición. Es decir, usan muchas técnicas periodísticas (de no hacerlo, sólo tendrían cabida en las revistas de corte académico) aunque dan a entender que eso del periodismo es un arte menor destinado a los egresados de las Facultades de Comunicación. En ese rubro está Javier Cercas, cuentista desconocido hasta que publicó Soldados de Salamina, novela de excelentes ventas y aplaudida por la crítica. Y posiblemente el libro español de más éxito en este nuevo siglo.

De prosa limpia y estilo ágil (ya pueden suponer donde perfeccionó sus bondades literarias) este libro nos cuenta, en primera persona, cómo un periodista-escritor se lanza a la investigación de un oscuro hecho de la Guerra Civil española: La misteriosa puesta a salvo del escritor fascista Rafael Sánchez Mazas, llevado a un campo de fusilamiento republicano durante los últimos días de la guerra. Al parecer, un soldado de la República destinado a repasar a los fusilados, le perdonó la vida. Buena parte de la trama está en esa búsqueda informalmente policial acerca de quién fue ese soldado, si aún vivía y porqué hizo lo que hizo. Lo cual lleva al descubrimiento de un viejo luchador republicano (uno de tantos) jubilado y residente en Francia, que le cuenta -entre otras historias ya tópicas de exilio antifranquista- que él formó parte de la primera acción de un destacamento de la Francia Libre gaullista contra el Eje. Además, en esta novela aparece el malogrado escritor chileno Roberto Bolaño, as himself, como un personaje más de la obra, quien entrega su propio testimonio de luchador, exiliado, perdedor y memorioso.

El indudable éxito de esta novela radica, además de su fácil lectura (menos de una jornada me costó, mientras yacía en un hospital recuperándome de una pancreatitis), en la variedad de grandes temas que ofrece en sus páginas, aunque tratados sin pedantería ni moralina : La piedad (el valor de no ultimar un fusilamiento ya vano), la intensidad de la vida (al viejo jubilado le gustan el vino, el tabaco y las mujeres ¡olé !) y la dignidad del perdedor (quien alguna vez dio sus mejores años a las mejores causas, pese a la escasez y al olvido, siempre caminará con la cabeza bien alta por el mundo). El amor es un tema menor y se circunscribe a los escarceos y chapes del autor con su teórica amante a quien, para darle cierta notoriedad en la novela, la dibuja como una chica vital pero inculta que se gana la vida como adivina para la televisión (no, no la busquen, ese personaje no existe en absoluto en España).