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Reflexiones en
torno a la crónica de Titu Cusi Yupanqui
Johnny Zevallos
Y porque la memoria de los honbres es devil y
flaca e si no nos acurrimos a las letras para nos
aprovechar dellas en nuestras neçesidades, hera cosa
ynposible podernos acordar por estenso de todos los
negoçios largos y de ynportançia
Titu Cusi Yupanqui
Es sabido que la rivalidad hegemónica entre el Cuzco y Quito trajo consigo, por un lado, el derrumbe político del Tawantinsuyu, y el orden de sucesión inca, por otro. Este conflicto cumplía, sin embargo, un esquema dual dentro de la estructura cósmica andina, pues "Atahualpa y Huáscar simbolizarían, así, el combate ritual de hanan contra urin, en el cual el primero debía ser siempre el vencedor" (Pease 1991: 145). Si bien los españoles no atendieron el pensamiento político-religioso indígena, la sociedad inca no decodificó el contexto cultural europeo (Martínez 2003). Este desencuentro intercultural desencadenó el enfrentamiento del espacio hegemónico andino, aunque condujo, además, a interminables contiendas bélicas entre ambos bandos. Manco se opondrá a los hispanos y a sus aliados indígenas, en su mayoría huancas, cañares y chachas (Espinoza 1977: 93), hecho que la Instrucción no advierte en su intención por armonizar la estructura política del Incario. La apertura del Cuzco, por parte de las huestes andinas, respondía a una estrategia política común en las élites cuzqueñas: las alianzas con otros grupos étnicos. El cronista concibe, en un primer momento, la presencia hispana como la reinstauración del orden inca, tras el ascenso de Atahualpa, quien "poseya el reino tiranicamente" (10; 8r), y ungir a Manco, hermano de aquél como legítimo señor del Tawantinsuyu. Por consiguiente, la nobleza cuzqueña distingue en Vilcabamba el reencuentro con la vieja institución andina; de allí que Manco no recele en colaborar con los hispanos, antes bien, "yendo que yba en sus andas de // oro y cripstal y corona real, se apeó dellas y abraçó al marqués que ya se avia apeado de su cavallo y ambos, my padre y el marqués, se confederaron en uno, y mandaron a sus jentes que naidie se desmandase" (13; 10r-10v). La resistencia desde Vilcabamba optaba por un nuevo contexto cultural, a fin de que se prolongara el conflicto entre españoles e indígenas. La participación de las algunas etnias quechuas significó el aislamiento del Cuzco, viabilizando la penetración de los hispanos. Al respecto, esta disyuntiva estatal obligó a Manco Inca a "pensar con la racionalidad y la astucia de los europeos. Concibió entonces un plan para despertar la inconmensurable codicia de sus captores: inventó el pretexto de que si lo dejaban salir del Cusco, él traería una estatua de oro macizo del tamaño de un hombre" (Burga 1988: 97). En una misiva que le dirigiera el propio Francisco Pizarro a Fray Tomás de Berlanga, fechada el 28 de agosto de 1537, se reconoce el sobresalto que las huestes indígenas han provocado entre los peninsulares por el sitio del Cuzco. El discurso de Pizarro observa directamente el sacrificio de los capitanes hispanos en su intento por recuperar el control de la ciudad. La epístola recurre a imágenes escuetas, procurando minimizar la catástrofe del ejército peninsular; por lo contrario, el discurso oculta el ímpetu de los cuzqueños:
esta es para le hazer saber lo que ha pasado despues que le escreuí del guarco y lo que mas he sabido que paso en el cuzco con la venida del adelantado almagro a el y es que estando el ynga siete leguas de la cibdad siete meses avia de la guerra que le dieron esperando mis hermanos al capitan aluarado que yba para acabar de conquistarles que sin duda estuviera todo en paz en lugar el adelantado de yr a cercar el ynga y conquistar los enemigos y tomar vengança de la sangre que avian derramado de tantos christianos como avian muerto puso cerco sobre los españoles del cusco (Porras 1959: 250).
La versión de Titu Cusi Yupanqui, respecto de la resistencia andina, prioriza el poderío indígena mediante un discurso que adjunte topónimos quechuas. La crónica reivindica la relevancia del curacazgo como dependencia absoluta del Inca, pues el ordenamiento sociopolítico andino se orientaba sobre una base tetrárquica.
Por la parte de Carmenga que es hazia Chinchaisuyo, entraron Coriatau y Cuyllas y Taipi y otros muchos, que çerraron aquel pos / tigo con la gente que trayan; por la parte del Condesuyo, que es hazia Caocachi, entraron Vamani, Quicaña y Curiguallpa y otros muchos que çerraron una gran mella [sic] de más de media legua de box [sic] todos muy bien adereçados en orden de guerra; por la parte de Collasuyo, entraron Llicllis y otros muchos capitanes, con grandisima suma de gente, la mayor cantidad que se hallo en este çerco, por la parte de Andesuyo entraron a Anta, Allca y Rampa Yupanqui y otros muchos, los quales acabaron de cercar el cerco que a los españoles pusieron este dia (43; 36v-37r).
Lamentablemente, "el enfrentamiento del reducto cuzqueño contra el poder colonizador iba perdiendo vigencia a medida que éste se afirmaba en el territorio conquistado" (Varón 1990: 350). Las negociaciones entre la élite indígena y los hispanos se dirigen a la fundación escritural de la memoria andina, espacio donde se corresponden los mecanismos inclusivos de las categorías europeas e indígenas subyacentes.
Primeramente que el dicho Inga Titu Cusi Yupangui guarde y cumpla lo capitulado y tratado con García de Melo por sí y por Quispe Titu su hijo y todos los demás hermanos los cuales se llaman Capac Topa Yupangui y Topa Guallipa y Topa Amaru y por todos los descendientes y sus parientes y al través y que sea obligado a su costa de guardar y tener esta tierra en nombre de su majestad de paz como su vasallo y así dice el Inga Titu Cusi Yupangui que si los dichos sus hermanos salieran debajo de la obediencia real de su majestad que por el mismo caso a los dichos hermanos los despedazará a lanzadas con sus propia manos y que sí así no lo hiciera se le pueda a hacer la guerra a costa de sus tributos y rentas de su hijo sin apercibimiento alguno (Guillén 1976-1977: 67).
La capitulación del Inca reclama, antes que la aniquilación de la memoria andina, la supervivencia de la misma a través de un recurso que refiera la rebeldía indígena. Titu Cusi es consciente de que el discurso oral no es suficiente como estrategia comunicativa dentro del Estado colonial; por ello, accede a ofrecer su testimonio en cartas y capitulaciones, en tanto prerrogativas del ocaso inca. Esta operación transcultural permitía la continuidad de la memoria indígena ante la nueva jurisdicción política: la Colonia.
Titu Cusi adscribe la versión del vencido como recurso atemporal, en la medida en que se sirve del testimonio escrito para exponer el cataclismo y la usurpación del Cuzco. La función escritural de la Instrucción se reconoce en tanto reconstrucción del Tawantinsuyu, pues involucra al peninsular en su discurso. El inca es consciente de que para construir el neo-Estado la presencia hispana es inevitable, de allí su discordancia en su apreciación para con los cristianos: "sabed hermanos que estos, segund me han dado las muestras despues que entraron en mi tierra no son hijos del Viracochan sino del demonio, porque me hazen y an hecho, despues que en ella estan obras de tales, como podeis ver por vuestros ojos" (19; 16r).
Si bien la imposición del régimen colonial sólo se deja entrever a partir de la participación política de los encomenderos, fueron éstos quienes propiciaron su primer debilitamiento. Titu Cusi Yupanqui, primero, y Felipe Guamán Poma de Ayala, después, alegarán los maltratos, contra los indígenas, efectuados en las encomiendas. Este rechazo no refleja, sino, la voluntad de socavar la irrupción española dentro del espacio andino. La imagen negativa del español conllevará a sublimar, por ende, el carácter mesiánico del Inca, puesto que en él se aproximará el devenir del indígena como recurso ideológico. La insubordinación de la nobleza indígena se comprende exclusivamente dentro de un marco de inclusión sistemática, por cuanto condiciona los parámetros de diferenciación cultural que asegurase la "convicción de que el Inca y sus seguidores recibieron una misión de Dios" (Szeminski 1989: 37) para expulsar a los peninsulares del Tawantinsuyu.
2.2. La Instrucción al licenciado Lope García de Castro: ¿Discurso épico del Otro?
Aunque, en el plano literario, la Instrucción ha sido insertada dentro del discurso épico (Lienhard 1985), con Diego de Silva y Guzmán la poesía épica consolidó su primera producción textual en el Perú. Lugarteniente de Francisco Pizarro, construye, en la Conquista de la Nueva Castilla (1538), un poema que pretende "loar a Pizarro y enaltecer su perseverancia, su valor, su compañerismo en el peligro y en el sufrimiento" (Porras 1962: 56). Silva y Guzmán encomia la heroicidad de los conquistadores, adscribiendo modelos de la antigüedad clásica. Esta primera versión épica acerca de la conquista del Perú presenta cánones estéticos pre-renacentistas; el narrador apuesta, sin embargo, por una estructura retórica que ostente la épica peninsular en su interés por describir la gesta de los hispanos. Sea como fuere, la Crónica Rimada -calificativo asumido por Porras- representa una hazaña discursiva no solo en del Período de Imposición de la dominación colonial, sino aun dentro del discurso colonial en su conjunto.
A diferencia de la intitulada Crónica Rimada, la versión de Titu Cusi no pretende aproximarse a la estructura de la épica occidental. Contrariamente, en la Instrucción se atisban los hechos de la Conquista haciendo uso del testimonio. La representación discursiva de fray Marcos García no se desliga de esta connotación; antes bien, puede apreciarse en ella las funciones rituales indígenas propias de un sujeto andino. En consecuencia, el discurso no presenta los mismos cánones de la épica occidental, pues si bien las expresiones sincréticas son claramente apreciables, la Instrucción plantea un fenómeno de reinstauración cultural inca.
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