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Hoy nos deslizamos entre las aguas del tiempo y del extraño río. Una vez más las gotas avanzan y nos carcomen con su presión a profundidades abisales; pero avanzamos y persistimos a pesar de la corriente, el abismo y el agua que atascada nos corroe. Un nuevo año, un año de explosiones temporales y de hurgamientos de género (y de géneros); un año que nos quiebra y nos refracta una vez más en más de doscientas páginas de múltiples ejes y asedios diversos: el agua, pacientemente, escarba cada uno de nuestros espacios (y mide nuestro tiempo, gota a gota del río).
Mientras avanzamos, el río se bifurca y dos temáticas se solidifican en el espacio: la Pira de los sentidos se llena de literatura y géneros marginados o poco acostumbrados al ojo lector de estas tierras: las literaturas de horror, ciencia ficción y la novela de folletín en el Perú son analizadas por tres ojos que en el inédito río se zambullen. El segundo dossier de ensayos se incluye en medio de los meandros más oscuros de ese avance: Fantasmas de papel denuncia las oscuridades de sujetos extraños en el periodo peruano de la Colonia: discursos híbridos en el Perú colonial se entrelazan, entre crónicas, mitología, filosofía y naufragio, para erigir, de entre su hibridez y multiplicidad, el prisma de las aristas de nuestra identidad fugitiva.
Luego del devenir de ese brazo fluvial, marginal y heterodoxo, se abre, femenina, Coros de la piedra, para ejercer la ceremonia de la poesía desde la lengua de las mujeres de fin de milenio. Dos hombres arrancan de la piedra el canto coral y polifónico de diez voces que se elevan de la tortura del agua para que el brillo se desprenda de la música del río. En este espacio, planteamos un asedio a la mujer y a las teorías sobre su poesía en el Perú desde el siglo XX hasta el final de nuestra rúbrica. La piedra finaliza con la música de las poetas en una muestra de la poesía-mujer de los últimos quince años.
Mil lenguas de distancia, arrastrada por las lenguas que el río nos devuelve, se abre a la traducción bilingüe y especializada: cuatro traditori traducen a cuatro poetas franceses, en una exacerbación de nuestro río por mimetizarse al Sena.
No nos inmovilizamos en nuestra tierra y, porque Otros ecos habitan el jardín, descubrimos literaturas allendes y lejanía desde la reflexión atenta de peruanos cronistas de otros mundos: Violeta Barrientos, desde París, y Alonso Rabí, desde los Estados Unidos, cambian de agua nuestro mismo río en un cauce que se eleva para rodearnos de siempre nueva corriente.
El río de heterodoxias y rápidos se agrupa cromáticamente en un espacio del recorrido: Gilda Mantilla es ese otro río cromático que nos inunda y denuncia nuestras propias imágenes inadvertidas desde dentro de la página silente.
Ese sexto río, fluvial y número y palabra, nos señala, nos agota y nos limita: el río es únicamente su avance y debe ser percibido desde dentro. No podemos detener el tiempo del devenir describiendo aquello que, a partir de este momento, se desliza íntegro entre sus manos: estamos en el oscuro instante de la lágrima, forzamos el hondo espectro del mar en una playa: somos el agua que indica el tiempo de nuestra existencia. Somos fugazmente en el tiempo y el sol espera, el sol avanza su amenaza: mientras nuestro río determina su flujo abracemos la sombra del árbol y las hojas caídas serán nuestro código de ciframientos, que nuestro río alcance antes de que, abrasados, tentemos el escape final.
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