SOMBRAS DE VIDRIO
ANTOLOGÍA DE LA POESÍA ESCRITA POR MUJERES 1989-2004
Valdivia Baselli / Portals Zubiate

Las aristas del género: discursos de género y poesía en la mujer peruana contemporánea y finisecular (1989-2004)

Alberto Valdivia Baselli


El ser entendido de esa manera, el ser metafísico, permite una lectura andrógina de la poesía e, inclusive, permitiría una escritura en la misma categoría. Sin embargo este deslinde metafísico del problema de género no esquiva las sutilezas y aristas más interesantes del encuentro con la mujer que significa el proceso de análisis, estudio, compilación y antología de poesía de mujeres (femenina o no, según se siga determinada tendencia de género):

Lo que me interesa es establecer relaciones entre puntos muy distantes, relaciones muy inesperadas entre las cosas de que quiero hablar. En esta dificultad hay un interés, y en ese interés, una tensión que, para mí, es mucho más importante que el equilibrio estable de la armonía, que no me interesa en lo absoluto. La realidad se debe atravesar en todos los sentidos de la palabra... Quiero atraer al espíritu hacia una dirección a la que no está habituado, y despertarlo. (Breton: 224)

En ese deseo de atravesar en todos los sentidos a la realidad está inmerso el eje motor de nuestra búsqueda por el discurso de la mujer en general y en la poesía que ese discurso descubre durante los 90 en el Perú. La contraposición entre la tesis incluyente (Paz) de la totalidad genérica que hemos propuesto para la lectura (e, inclusive, escritura) de la poesía y la de la ambigüedad de nociones binarias en oposición sexo/género se armoniza en una tesis superior: la relatividad de las perspectivas posmodernas (e, incluso, desde una concepción relativa de lo real en Einstein) nos permiten cambiar el foco para conformar un estudio más completo de la poesía escrita por mujeres, desde la totalidad en consecuencias ambiguas de género hasta la particularización de las entidades genéricas de identidad.

Este ejercicio por verificar al ser, desde su dimensión poética, comienza desde el texto hacia el lector (y al metatexto del crítico) y, en el ejercicio de ese sistema activo, la identidad real o la edificación del yo dentro del género y fuera de él (en ambas tesis confluyentes para efectos del análisis), se construye desde mecanismos de representación. Tanto el lector (los investigadores y antólogos, en este caso) cuanto la escritora (y, como medio y fin, la escritura) requieren de referencias coincidentes de respeto al código de asimilación de la experiencia poética, en la que se dará la construcción de esa identidad relativa a la perspectiva:

Solo es posible investigar adecuadamente un texto cuando la sensibilidad estética del lector puede transformarse en un instrumento más al servicio de la comprensión.

En cambio, cuando la sensibilidad estética del investigador no se adecua a las necesidades que impone una obra, es preferible que el estudioso descarte el intento de comprenderla y dedique sus esfuerzos a otra más afín a sus propias posibilidades. Por lo tanto, podemos decir que cuanto más variada sea la sensibilidad estética de un investigador, tantas más obras estará en condiciones de comprender adecuadamente. (Maldavsky: 47)

Así, los receptores de la obra serán los constructores de la identidad y de la noción genérica de esta, desde una perspectiva relativista, descubriéndola en la poesía, pero dentro de un sistema más amplio de totalidad que no excluye diferencias en sus interioridades. La identidad de representación emergerá (literaria, discursiva y genérica, como un todo de sutilezas del Todo) tanto en esas dimensiones de artificio y designio cultural cuanto en su versión de búsqueda ontológica, de pretensión y de pregunta sobre el ser. En estos cuestionamientos, preguntamos tanto por la mujer (y por lo tanto, por el hombre) cuanto por lo que podría definirse como mujer, al margen de los imperativos de su representación determinante o de caracterización de su poesía:

Lo idéntico se nombra a sí mismo con un pronombre de la enumeración: la serie de las equivalencias se definen por una suerte de redundancia atributiva, a nombre de la unidad; y, en consecuencia, tanto frente a lo distinto, que sería lo diferente, como a lo diverso, que sería lo indistinto. Quizá por ello el discurso forense entendió "identidad" como una ficción: la identidad se establece cuando una persona resulta ser aquella que se supone que sea; es decir, el sujeto es la representación de su imagen. (Ortega: 15)

Frente a esta problemática de identidad y género, de observados y observadores, de distancias e inclusiones, de construcciones e inexistencias, el abordaje a la problemática de la mujer a través de su poesía ha escapado de un problema exclusivamente literario a una problemática de definiciones, puesto que ningún estudio serio podría plantear una tesis coherente sin antes determinar su objeto de estudio.

Nuestro objeto de estudio es la poesía, empero. Sin embargo, la poesía escrita por mujeres. Sin embargo, la poesía de mujeres en los últimos quince años. Creemos que el objeto de estudio poético puede desasirse, en un plano de rigor valorativo, del referente genérico. El crítico y/o el antólogo, a pesar de lo dicho, no deberían eximirse de trascender a ese valor básico para descubrir en el discurso poético discursos híbridos y conexiones subalternas que nos remiten a las ciencias sociales y a la construcción filosófica y simbólica del mundo, a partir del lenguaje. En sentido estricto, la poesía escrita por mujeres no se diferencia de la de los hombres, en esa univocidad que bien ha resuelto Paz desde Aristóteles, pero no es posible (ni deseable) relativizar el componente genérico al momento de acercarnos al tejido poético de la producción femenina, al desarrollar sus mecanismos y sistemas de construcción, revelación y ocultamiento, en una convivencia literaria que permita la real vinculación, el enriquecimiento y el desarrollo simbólico en confrontación y/o íntima comunicación con el Otro que pretende la poesía:

La manera de presencia de la mujer como tal, aquello que hace posible intentar conocerla, no es una percepción, ni una experimentación, ni una serie de observaciones que pueden reflejarse en estadísticas, sino antes que todo eso, una relación personal. El hombre puede saber algo de la mujer en la medida en que convive con ella; y lo que puede lograr depende de la pluralidad, continuidad, intensidad, multiplicidad de dimensiones de esa convivencia. (Marías: 16)