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SOMBRAS DE VIDRIO
ANTOLOGÍA DE LA POESÍA ESCRITA POR MUJERES 1989-2004
Valdivia Baselli / Portals Zubiate
Las aristas del género: discursos de género y poesía en la mujer peruana
contemporánea y finisecular (1989-2004)
Alberto Valdivia Baselli
1. Introducción: El género del otro visto por el otro género
Sea lo que fuere, cuando un tema es muy discutible
-y cualquier tema donde interviene el sexo lo es-
nadie puede esperar decir la verdad.
Virginia Wolf. Un cuarto propio
Plantear un acercamiento, desde la mirada de dos hombres, a la poesía escrita por mujeres, tomando en consideración esa postura activa como masculina frente a una poesía femenina, pareciera plantear una interesante e inédita conquista de un territorio desconocido. Sin embargo el Otro en ese ejercicio un tanto maniqueo no es un objeto de estudio fuera del ámbito humano ni excluyente del espacio masculino, es un referente del mismo espacio, con interpretaciones diferentes y diverso enfoque; diferencias en las que, sin embargo, ambas combinaciones cromosómicas (basándonos únicamente en el imperativo biológico) podrían incluso coincidir o necesitar coincidir. Recordemos, en Beauvoir, la tesis de necesidad de complemento en ausencia de armonía que entre los dos sexos se da como efecto de una marginación del componente femenino en el hombre:
La Historia nos muestra que los hombres siempre han ejercido todos los poderes concretos; desde los primeros tiempos del patriarcado, han juzgado útil mantener a la mujer en un estado de dependencia; sus códigos se han establecido contra ella; y, de ese modo, la mujer se ha constituido concretamente como lo Otro. Esta condición servía a los intereses económicos de los varones; pero también convenía a sus pretensiones ontológicas y morales. Desde que el sujeto busca afirmarse, lo Otro que lo limita y lo niega le es, no obstante, necesario, pues no se alcanza sino a través de esa realidad que no es él. Por ese motivo, la vida del hombre no es jamás plenitud y reposo, es carencia y movimiento, lucha. (Beauvoir: 139)
Al margen de dependencias o interdependencias (pero también definiendo por consecuencia estas categorías) los estudios de género que han pretendido determinar (y continúan en esa búsqueda) las distancias y las cercanías entre los géneros, entre sexo y género, entre el imperativo biológico y la construcción cultural, no han logrado determinar líneas exactas de persistencia o ausencia de un género en otro (o de un sexo en el otro género), probablemente porque no exista tal o porque las variables entre un espacio y otro son demasiado abstrusas, cambiantes o demasiado remitidas a relevancias individuales que resisten una norma general. Otra interesante posibilidad se abre desde las teorías alrededor del género que plantean que la dicotomía sexo/género es cada vez más endeble, por considerarse ambos conceptos construidos desde la cultura y no per se (ya que la noción de sexo innato es una construcción dada dentro de la cultura y producto de la historia, por lo tanto, interior a ellas). La foucaultiana Judith Butler asume, incluso, la noción del género circunscrita al símbolo construido sistemáticamente por la praxis histórica y, por lo tanto, modificado por ella y sensible a dichas variantes (Butler 1990). El postestructuralismo y el psicoanálisis asumen la identidad de género como una existencia históricamente inestable. El psicoanálisis lacaniano de Mitchell y Rose propone al género como un elemento adquirido a partir de las experiencias infantiles en torno al complejo edípico en el que el sujeto adquiere una subjetividad activa (masculina) o una pasiva (femenina) en el transcurso de la construcción de su personalidad (Mitchell y Rose 1985). Además, se plantea las propuestas a través de las cuales los sistemas de oposición binaria dejarían de tener sentido, pues se presupone que no existiría un real vínculo entre sexo y género (las mujeres podrían tener elementos de masculinidad y los hombres de feminidad); sin embargo, hemos debido plantear la búsqueda de la poesía escrita por mujeres como un retorno a la totalidad y, dentro de ella, a la ambigüedad que da como resultante un sistema humano en el que todas las categorías se entremezclan y construyen un ojo único que al mismo tiempo ve y es visto y (a diferencia del poema de Machado ) existe por ambas circunstancias:
Entre la unidad y la multiplicidad, el Uno y los muchos, hay una oposición que parece insalvable: el Uno no puede ser parte de los muchos pues en ese caso se desvanecería, convertido en uno de tantos; asimismo, si los muchos se funden en el Uno, desaparecen. El Uno no puede ser sino uno; el muchos está condenado siempre a ser muchos. La oposición es absoluta y la tentativa por derivar a los muchos del Uno o la de fusionar en uno a los muchos viola a la lógica.
Sin embargo, desde Platón la filosofía pensó haber soldado esta fractura. Aristóteles distinguió entre el ser y los entes o existentes. Todo lo que existe, sean hombres o animales o cosas, son modos o grados del ser. Así el Uno se salva. Quiero decir: subsiste, infunde ser a cada ente y a cada cosa. Y más: es la condición necesaria para que las cosas y los entes sean o existan. (Paz: 20)
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