2. DISCRONISMOS Y CARACTERÍSTICAS GENERALES
Una visión lineal de la historia literaria se construye sobre áreas secuenciales, causalidades y oposiciones; por ello es imposible eludir un sustrato generativo y teleológico. En contraposición, Fernando Burgos sostiene que toda lectura de la modernidad es re-creación y donde lo radial, los trasvasamientos y desplazamientos sustituyen las linealidades, causalidades y oposiciones (Hervé Le Corre, 2001: 73-4). Retomando esta propuesta, no hay fechas definitivas para separar dos periodos literarios determinados. No solo es posible encontrar supervivencias de una etapa anterior muchos años después de haberse iniciado una nueva etapa , sino también encontrar textos que se adelantan notoriamente al paradigma hegemónico de su época . Siguiendo la propuesta de Raymond Williams (1994), que explica las relaciones entre cambio social y cambio cultural, todo periodo sociocultural posee un dinamismo que se expresa en formas dominantes, residuales y emergentes. Las formas culturales dominantes están íntimamente integradas a los mecanismos sociales de dominación y son el espacio donde se despliega la reproducción cultural, lo residual es la "obra realizada en sociedades y épocas anteriores y a menudo diferentes, pero todavía accesibles y significativas" y lo emergente es "la obra de diversos tipos nuevos (...) accesibles como prácticas" (189-190).
Ejemplos de estos discronismos son los significativos poemas neoclásicos "El Perú" (1856) y "Constitución Política" (1859) de Felipe Pardo y Aliaga y la "Reclamación de los vulnerados derechos de los hacendados de las provincias literales del departamento de Lima" (1833) de José María de Pando. Esta última es quizá la más alta pieza de la oratoria neoclásica peruana y simultáneamente un alegato político que defiende los intereses de los hacendados costeños e implícitamente un gobierno autoritario de filiación cultural española. El canto de cisne de la retórica neoclásica se prolongó por varias décadas e incluso convive residualmente con el desvaído romanticismo. Por otra parte, en varios autores -Pardo y Aliaga, Larriva, José Joaquín de Mora- encontramos textos que se adscriben al neoclasicismo dominante y otros que pueden filiarse al costumbrismo emergente.
Nuestra etapa está dominada por una línea neoclásica (Carrió La Vandera, Unanue, Pando, Olmedo, Pardo), que articula el circuito letrado culto, pero convive con manifestaciones residuales barrocas (el propio acto de la independencia tiene claras resonancias de una fiesta barroca ) y emergentes sensibilidades prerrománticas que en los circuitos cultos buscan una ruptura con los temas y fuentes hispánicos (Sánchez Carrión, Mora, Vidaurre) y encuentran en ciertos códigos populares una feliz conjunción (Melgar). Además, es posible identificar una línea emergente costumbrista asociada con el neoclasicismo (Pardo) y entremezclada con el prerromanticismo (Larriva). Por su parte, las formas discursivas populares encuentran en la prensa y los pasquines un espacio para formularse y difundirse directamente asociadas a las luchas políticas del periodo. Finalmente, las formas andinas de la elite culta empiezan su lenta reorganización después de la derrota política y sociocultural de 1780 (Juan Bautista Túpac Amaru, José Domingo Choquehuanca y Justo Apu Sarahuara).
En este periodo, el género privilegiado es la poesía (de tono épico antes que lírico), y sus formas frecuentes: odas, epigramas, sonetos, himnos. Entre las formas populares destacan las coplas, romances, yaravíes y letrillas. Los textos en prosa recurrentes son artículos, cartas, pasquines, alegatos, memorias, relaciones de viaje, panfletos; muchos no son ficcionales, pero eran recepcionados como literatura y seguían una compleja retórica establecida. El teatro recupera relevancia al final del periodo estudiado, es interesante constatar como 1780 es una fecha que marca el final del barroco andino expresado fundamentalmente en el teatro quechua y 1830 es el inicio de un teatro criollo republicano. Antes que el libro, el formato privilegiado es el periódico y la revista donde se encuentran gran parte de los textos de este periodo. Aunque no existen reflexiones sistemáticas sobre la literatura en esta etapa, cabe mencionar artículos del Mercurio Peruano que discuten sobre las bellas letras, la oratoria y los yaravíes y las recopilaciones de Guillermo del Río y su hijo como formas embrionarias de metatextos e historias literarias.
Cada texto significativo construye sus propios precursores, sus ondas expansivas afectan el pasado y el futuro y, por el juego de intertextualidades, revalúa la historia literaria. Por ello, consideramos necesario revisar someramente dos textos anteriores a nuestro periodo, pero que poseen una proyección indubitable en aquél.
2.1 El morral lingüístico y la mirada étnica de El Lazarillo de ciegos caminantes
Mariselle Meléndez (1999), una de las mayores especialistas en este libro, sostiene que
el autor emprendió un viaje discursivo que buscaba descubrir los problemas que caracterizaban a unos territorios que cada vez se separaban más social, política y económicamente de España (...) su viaje se convierte en una metáfora del orden que de acuerdo con él era imprescindible para controlar el espacio americano y la heterogeneidad racial, étnica y cultural que caracterizaba a sus habitantes (24).
El Lazarillo de ciegos caminantes es un texto que construye una situación comunicativa ficcional al interior de la diégesis, un travestismo étnico que no logra ocultar la visión hegemónica española caracterizada por una velada crítica a las instituciones coloniales y un profundo desdén por las comunidades subalternas. Sin embargo, el uso del lenguaje popular, afroperuanismos y voces quechuas le otorgan una densidad léxica que remite a incipientes procesos de transculturación. Esta riqueza del plano del discurso es saboteada por los estereotipos y exclusiones sociales que se legitiman en los mundos representados. El texto formaliza un recorrido geográfico (Montevideo-Buenos Aires-Lima) y simultáneamente un violento desplazamiento simbólico en la valoración de la identidad mestiza como representativa del espacio americano: el autor implícito desea y propone una utopía racial donde cada grupo étnico (españoles, indios y negros) mantiene su pureza, operación ideológica que está limitada por las ambigüedades identitatarias del sujeto de la enunciación: el seudónimo Concolocorvo, con claras resonancias a la cultura afroperuana, el indio Calixto Bustamente Carlos Inca y el español Alonso Carrió de La Vandera.
El propósito moral y pragmático, la diestra adjetivación, la inserción de anécdotas, el humor y las frecuentes ironías serán estrategias retomadas por muchos autores decimonónicos. El proyecto ideológico del texto que podemos asociar a la exacerbación de lo claro y lo distinto y las políticas de control y clasificación propias del reformismo borbónico, constituirá un mito de origen que va a operar sobre la producción de sentido de muchos textos del XIX; por ello, el lamento por las consecuencias sociales del mestizaje indiscriminado y el violento castigo simbólico a los sujetos que promueven mezclas interétnicas aparecen en diversas narraciones. Así mismo, la deshumanización de las comunidades afroperuanas e indias en la representación constituye otra constante en gran parte de la literatura decimonónica.
2.2 Los silencios e implícitos de la Genealogía
El texto denominado posteriormente Genealogía de Túpac Amaru es una petición que presentó José Gabriel Túpac Amaru a la Real Audiencia de Lima en 1777 cuya intención pragmática era probar su filiación y ascendencia directa del último soberano del imperio de los incas y exigir los privilegios sociopolíticos que por ello le correspondían.
García Bedoya ubica este texto como bisagra entre la fase reformista del Renacimiento Inca y la fase insurreccional (1996: 212). John Beverley (1999) sostiene que el texto está inmerso en las formas discursivas del orden jurídico colonial, pero el peso excesivo concedido a la elaboración retórica del documento revelaría la intención de establecer al autor como un sujeto altamente competente en los códigos de la ciudad letrada y la construcción de una relación paritaria entre el autor del texto y los interlocutores españoles y criollos. Aunque posee elementos autobiográficos, este texto está más cercano a una versión ampliada de la prueba de limpieza de sangre que a una autobiografía (50).
El texto es un alegato jurídico dividido en dos partes. En la primera, se presenta un conjunto de hechos y de instrumentos que probarían la descendencia del autor del último Inca Felipe Túpac Amaro. En la segunda, intenta descalificar los instrumentos (copias de dos reales cédulas) presentados por la parte contraria (Diego Felipe Betancur) y sus argumentaciones que se apoyan en testigos de dudosa calidad y hechos no probados fehacientemente. Un aspecto interesante es anotar que Diego Felipe Betancur actúa por medio de un apoderado, Don José Vicente. Este último ha incluido en el expediente los textos de Garcilaso, Herrera, Calancha, y las historias de Don Martín de Arvieto y Fray Pedro de San José Betancur. Del alegato se infiere que estamos ante la validación de su argumentación con textos canónicos del sistema letrado. Por otro lado, hay que recordar que estamos ante la disputa legal de un mestizo vinculado a poderes políticos y religiosos contra un cacique indio.
En el aspecto formal, encontramos un discurso regido por la claridad y la lógica. Se emplean metáforas: "por más que acumule documentos y figure edificios suntuosos, porque éstos han de rendirse, si sus cimientos son débiles y falibles" (19), "porque de lo contrario la falsedad revienta por todos sus poros" (25), "la falsedad como se fabrica en las tinieblas del fraude, es de difícil probanza" (36), "dicha Real Cédula respira falsedad"; ironías: "cerebrinas reflexiones de Don José Vicente" (43); expresiones coloquiales: "tiró la piedra y escondió la mano"; y refranes: " al buen pagador no le duelen las prendas" (44).
En este texto encontramos dos aspectos claves para el desarrollo de los acontecimientos venideros y para nuestra incipiente historia de las mentalidades: a) la autorrepresentación del sujeto de la escritura y b) la sintética representación de la historia de la conquista y aniquilamiento de los incas, donde los silencios son elocuentes.
No solo se insiste en la calidad de descendiente directo de los Incas, sino en el honor del sujeto de la escritura, así: "no me probará que yo haya entrado una sola vez en pulpería ninguna; porque los vínculos del honor de mis mayores, que circulan en mis venas, envueltos en su propia real sangre, me enseñan bien la estimación y el aprecio que me debo dar" (45) . Esta conciencia de pertenecer a una familia real y poseer nobleza de sangre será un capital simbólico central en la sublevación posterior. El orgullo de ser indio puro y combinar el derecho hereditario y la legitimidad popular también son claves en la autopercepción: "cuando es público y notorio, y mi misma inspección manifiesta que soy indio por todas partes; pero descendiente del Inca último, que soy actual Cacique por legítima sucesión y por general aclamación de mis pueblos" (54). Sin embargo, todavía conviven discursivamente expresiones como: "fiel vasallo de Su Majestad Católica" (53) y "descendiente de aquellos que en el gentilísimo fueron Emperadores de estos Reinos" (53). Estos enunciados se van a configurar como incompatibles en los años venideros.
El autor no se refiere directamente a los hechos de la Conquista, sino que interpone la mediación de las "Historias" (por el propio documento, podemos concluir que se refiere al conjunto de textos de Garcilaso, Herrera, Calancha y otros) y las pruebas ofrecidas por Juana Pilcahuaco en 1609. Curiosa fusión del Libro y la historia personal que nos ofrece aparentemente una escueta sucesión de hechos; sin embargo, podemos encontrar una reiteración semántica: "bisnietos y descendientes de Don Felipe Túpac Amaro, Manco Inca y Huayna Cápac, señores que fueron de estos Reinos" (15), "Don Felipe Túpac Amaro, último inca del Perú" (20), "Don Felipe Túpac Amaro, último Rey del Perú" (56), hay casi una obsesiva tendencia a reafirmar el señorío de los Incas sobre estas tierras, obviamente se pretende trasladar esos derechos (plenos en el pasado, latentes en el presente) al propio sujeto de la escritura. Casi sepultada por los datos, hay una tenue acusación contra los españoles cuando alude al último Inca: "al fin murió mozo, desgraciadamente, el año de quinientos setentaydos" (42). Hay una elisión de la escena fundacional (Atahuallpa-Pizarro) y no hay condena ni lamento por la llegada de los españoles a estas tierras, silencios que obedecen a la función pragmática y al marco discursivo del texto. No olvidemos que el silencio, a diferencia del olvido, puede funcionar como modo de gestión de la identidad (Jelin, 80).
El texto estudiado revela el doble juego del cacique: buscando la legitimación jurídica de su ascendencia en el sistema occidental para poder validar su liderazgo entre las elites andinas en la posterior sublevación. Esta oscilación del lugar de la enunciación lo constituye como un sujeto competente en dos sistemas culturales y revela que las diferencias entre ambos no eran antagónicas y que las elites andinas buscaron, antes de iniciar la sublevación, una nueva re-articulación con el orden imperial. Si bien la concepción integrista y organicista de los Habsburgo ya había sido abandonada por la visión racionalista y burocrática de los Borbones, la Genealogía de Túpac Amaru todavía responde a los presupuestos que convertían al Virreinato del Perú en un reino que formaba parte de un Imperio que integraba y reconocía un lugar a las elites locales.
En lo que sigue de este apartado, no pretendemos ofrecer una exhaustiva relación de los textos narrativos de este periodo, sino comentar críticamente las singularidades y proyecciones de algunos de los más significativos. Por ello, hemos elegido textos del Mercurio Peruano (1791-1795), Cuarenta años de cautiverio. Memorias del Inca Juan Bautista Túpac Amaru (1822), una revisión de la prensa doctrinal de la independencia y el estudio de las novelas de Olavide. Intentaremos establecer la reconstrucción de las condiciones socioculturales de producción textual, la identificación de la lógica interna de los sentidos y la intención pragmática del autor textual.