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Los textos narrativos en el periodo de la crisis y disolución del régimen colonial (1780-1830) Marcel Velázquez Castro
El presente artículo es parte de una investigación más amplia dirigida a repensar los límites y las etapas de la tradicionalmente denominada "literatura peruana del XIX". Aunque existe un pequeño corpus de libros sobre el periodo, la impresión predominante para el investigador es que todavía estamos ante el periodo menos estudiado de nuestra historia literaria. Los juicios superficiales y las lecturas prejuiciosas no pueden mellar lo incontrastable: el siglo diecinueve configura, mediante el discurso literario y el jurídico-político, las formas y los nudos ideológicos que van a regir nuestros modelos políticos y definir gran parte de nuestro imaginario sociocultural. Por ello, entender este periodo de nuestra historia es un asunto crucial e ineludible, no solo para conocer la dinámica del campo literario y las interrelaciones e hibridaciones entre los tres sistemas identificados por Antonio Cornejo Polar (literatura ilustrada o de elites, literatura en lenguas nativas -quechua, aymara, ashaninka, etcétera- y literatura popular escrita en español) sino, incluso, para pensar y enfrentar problemas nacionales aún vigentes.
En este apartado realizaremos tres operaciones: a) estudiaremos la propuesta de periodización de Carlos García-Bedoya M. y postularemos una que difiere parcialmente de aquélla, b) analizaremos los discronismos y las características generales del periodo, y c) revisaremos críticamente algunos textos significativos de esta etapa. 1. Entre una periodización política y una periodización literaria Carlos García-Bedoya M. (1990), (2000) ha realizado la más sugerente y mejor fundamentada propuesta de periodización de nuestra literatura. Respecto del XIX, sostiene que 1825 es el hito divisorio ya que el Periodo de la Crisis del Régimen Colonial (PCRC) abarca desde 1780 hasta 1825 y el Periodo de la República Oligárquica (PRO) desde1825 hasta 1920 (2000: 26-27). Existen tres proyectos contrapuestos por enfrentar la crisis del orden colonial: a) el reformismo borbónico representado por El Lazarillo de ciegos caminantes de Carrió de La Vandera, b) el proyecto criollo con dos vertientes: el reformismo representada por el Mercurio Peruano y el independentismo que se plasma en la poesía de Melgar y Olmedo, c) el proyecto de las elites andinas que fracasa con la derrota de Túpac Amaru, pero se manifiesta con textos como la Genealogía de Túpac Amaru y Cuarenta años de cautiverio que son las memorias de Juan Bautista, hermano del líder indígena (1990: 82-83), (2000: 229-230). Lo valioso de esta propuesta es que atiende a los procesos sociohistóricos, los sujetos socioculturales y los sistemas literarios. Se elige 1780 porque es el año de la sublevación de Túpac Amaru y se elige 1825 -suponemos- porque es el primer año posterior a la derrota definitiva del ejército español. Mayúsculo despropósito sería negar la importancia de ambas fechas -sobre todo de la primera-, pero evidentemente no existe plena sincronía entre los procesos políticos y los literarios; por lo tanto, debemos buscar adicionalmente fechas emblemáticas directamente asociadas a la aparición de textos literarios que marcarán el devenir de los circuitos de producción, distribución y consumo de bienes discursivos de este periodo. La principal consecuencia de la rebelión de Túpac Amaru en el plano sociopolítico es la cancelación definitiva de las pretensiones políticas de las elites andinas. Bonilla (2001) añade dos efectos adicionales: la casi nula participación de dirigentes andinos en el proceso de independencia y el recelo de criollos y españoles a la inclusión de la masa indígena en el conflicto político-militar. Además, el historiador nos recuerda que esta rebelión es la culminación de un largo y discontinuo proceso de sublevaciones indígenas iniciado a mediados del siglo XVII y no tiene ninguna conexión directa como antecedente del accidentado proceso de independencia (65). Por todo ello, sin renunciar a 1780 por su carácter emblemático, postulamos como fecha clave dentro de este periodo la aparición del Mercurio Peruano en 1791 y como final de esta etapa la fecha de 1830 por la escenificación de Frutos de la educación de Felipe Pardo y Aliaga, primera muestra del teatro costumbrista nacional. La complejidad del tramado textual, su importancia en la constitución de un nuevo público consumidor de bienes discursivos y su capacidad retrospectiva y prospectiva los convierten en momentos centrales de este periodo literario. Además, el Mercurio Peruano es clave en la consolidación de una conciencia criolla diferenciada -que no desea la ruptura del vínculo con el Imperio Español, sino la reforma del mismo- que se legitima con la construcción y articulación imaginaria de un espacio geográfico y sociocultural propio, y Frutos de la educación -sostiene Enrique Carrión- es la primera formalización estética de un discurso criollo que contiene el germen de un proyecto burgués modernizador consciente de las promesas y las amenazas que debe afrontar (1982: 87). En síntesis, dentro de la crisis del régimen colonial se advierte una tradición que sienta las bases para la hegemonía cultural del proyecto criollo. Preferimos prolongar este periodo hasta 1830 no solo por la importancia de la obra teatral de Pardo, sino porque también es una fecha significativa políticamente ya que se acaban de producir las primeras elecciones presidenciales en el Perú (diciembre de 1829) que proclamaron a Agustín Gamarra, concluyen los juicios contra los líderes de la sublevación de los indios iquichanos contra la naciente República, y poco tiempo antes, han finalizado los vanos intentos expansionistas hacia el norte y hacia el sur. Plantea Basadre que la asunción de la presidencia por parte de Gamarra representó "la instalación del militarismo en el comando de la vida pública" (I: 232). Además, su consigna "No más extranjeros, no más" revela la autopercepción de ser el primer presidente peruano elegido y decidido a construir una identidad en oposición a las otras repúblicas americanas. Por ello, su política exterior de mantener el statu quo en el norte y prepararse para el inevitable conflicto con Bolivia. Se podría objetar que elegir dos hitos asociados a la producción de textos por la elite letrada olvida los otros sistemas; sin embargo, ambos manifiestan una clara preocupación e incluso incorporación de voces y formas discursivas andinas y populares. Por otro lado, es indiscutible el diálogo que existe y nutre este periodo entre la Genealogía de Túpac Amaru (1776) y las Memorias del cautiverio (1825) de Juan Bautista Túpac Amaru que expresan una perspectiva andina bajo formas discursivas cultas occidentales. Obviamente, la poesía quechua popular y la conservación y transmisión del acervo tradicional indígena prosiguió en este periodo . También, la poesía popular anónima escrita en español y de tema político experimentará un auge asociado a los trastornos sociopolíticos en todo este periodo. Se inicia con la denominada "rebelión de los pasquines" (1780), movimiento de protesta de la población de Arequipa contra el corregidor Baltasar Semanat y el administrador de la aduana Juan Bautista Pando se expresó por medio de carteles que contenían poemas y eran colocados en las paredes de la ciudad; por su parte, las autoridades virreinales intentaban reprimirlos por medio de pasquines también versificados (Jorge Cornejo Polar, 498). Este uso popular de la poesía acompañará a todas las sublevaciones y rebeliones contra el orden virreinal y también será empleada por los propios españoles para preservar su dominio. Nótese que en algunos casos estos productos poéticos eran construidos siguiendo las normas cultas. Una primera dificultad para enfrentar esta etapa radica en la problemática del término literatura que difiere radicalmente de la moderna concepción de literatura y provoca múltiples perspectivas anacrónicas. En un erudito y bien documentado artículo, Enrique Carrión (1987) traza el recorrido del término y sus derivados: a) en 1734 el primer Diccionario de Autoridades de la Real Academia consideraba que literario era "lo que pertenece a las letras, ciencias ó estudios"; así, la literatura era una experiencia anclada en el lector y la lectura antes que en la producción de textos; b) en la segunda mitad del siglo XVIII, en Europa y en América se encuentran usos de la palabra literatura como característica de cierta clase de textos e íntimamente vinculada a la expresión bellas letras; c) aunque Unanue sigue empleando literato como sinónimo de "intelectual" y literario como lo propio de lo académico y la alta cultura, ya encontramos en el propio Mercurio Peruano el adjetivo "literaria" aplicado a una fábula por el tema de su moraleja; por otro lado, la palabra literario alude directamente a los sujetos que producen textos; d) aunque no se emplea el término "literatura" para designar un discurso (normativo e historiográfico) sobre el discurso literario nacional, hay que reconocer la preocupación por este quehacer registrado en el Diario de Lima, Mercurio Peruano y Monumentos literarios del Perú...(1812) de Guillermo del Río. En este último, casi no hay obras de ficción, posteriormente su hijo D. Manuel publica Colección de algunas poesías publicadas desde la entrada del ejército libertador (1822); e) el concepto de literatura estaba íntimamente asociado al de utilidad pública, pero ya empieza en la segunda década del XIX a perfilarse un significado estético del concepto y simultáneamente una preocupación por el espacio social de la producción literaria y la responsabilidad moral vinculados con la afirmación de fronteras culturales propias; f) en 1824, el propio Unanue sienta las bases para una distinción entre el discurso literario, el didáctico y el científico (237-248). Estos usos del término nos obligan a prestar atención a textos que hoy no podríamos considerar literarios, pero que en este periodo eran producidos y consumidos como tales. Adicionalmente, este proceso nos advierte de las diversas cargas semánticas que todavía conserva el término literato y literatura en otras etapas del XIX. Antonio Cornejo Polar sostiene que la Independencia implica la formación de un nuevo público que negocia otra articulación con la literatura, exigiéndole condiciones inéditas hasta entonces (1994:13). Aunque él considera el costumbrismo como el punto de inflexión, podemos encontrar este nuevo pacto de lectura (escritor representante y portavoz de la opinión pública a la cual intenta modelar) en algunas de las páginas del Mercurio Peruano.
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