III. El mundo erótico libidinal total de ArguedasEl erotismo en Arguedas es analógico. La sexualidad no se da de manera aislada: hiere su cosificación, su marginación a objeto; el erotismo es un todo armónico que impone su máxima realización en sus vínculos naturales. Es un fluir de espesuras creativas, naturales y en constante simbiosis benéfica. Su noción de eros es su visión del ande y, por ende, de la identidad andina, que él considera moralmente superior. Este flujo libidinal (erótico) no está parcialmente instituido en un espacio corporal o psíquico sino que edifica todo lo real vivificador e impone sobre su noción parcial cosificada su noción ejecutiva, de órgano vital regulador:
La libido n'est pas quelque chose de fuyant, de fluide, elle ne se répartit pas, ni ne s'accumule, tel un magnétisme, dans les centres de focalisation que lui offre le sujet, la libido est à concevoir comme un organe, aux deux sens du terme, organe-partie de l'organisme, et organe-instrument . (Lacan, 210)
Para ilustrar esta tesis, utilicemos un ejemplo -una vez más- paradigmático: en Los ríos profundos, la mirada que descubre el mundo es una infantil (el niño Ernesto) que descubre con naturalidad la magia y diferencia de su propio mundo, lejos de las contaminaciones de una mirada adulta (es decir, sexualmente corrompida, gracias a la intromisión de los elementos extra eróticos, neurasténicos del sometimiento y el poder) y plenas de un erotismo natural (el del ámbito, el de los árboles, los ríos, etc.) que conjuga, curiosamente, una visión edénica judeocristiana y mítica andina:
¿Por qué, en los ríos profundos, en estos abismos de rocas, de arbustos y sol, el tono de las canciones era dulce, siendo bravío el torrente poderoso de las aguas, teniendo los precipicios ese semblante aterrador? Quizá porque en esas rocas, flores pequeñas, tiernísimas juegan con el aire, y porque la corriente atronadora del gran río va entre flores y enredaderas donde los pájaros son alegres y dichosos, más que en ninguna otra región del mundo. (Arguedas, 152)
Ese mundo, su voz y su ámbito en descubrimiento, por el ojo pineal de un niño que lo describe desde dentro, como quien se descubre, es la voz de quien se toca sexualmente por primera vez, exento de noción del pecado. Este niño, hijo de un abogado peregrino, descubre su mundo mítico y, al mismo tiempo le provee de nombre e identidad, en tanto éste conjuga la identidad de aquél: su yo global, sexual y erótico. Por ello no existe en el personaje narrador nunca estupor o sorpresa en el mecanismo del hurgamiento, hay deslumbramiento plácido y fecunda conspiración para con lo ubicado. En esta construcción panteísta y natural de lo erótico la vivificación de los entornos y el flujo de la realidad construyen un todo simbiótico sintetizado en el eje de producción libidinal, de impulso erótico, el mismo asumido natural (en contraposición con lo cultural neurótico impuesto por los sometedores o extranjeros en el ande) por Arguedas. Podemos analogar la concepción pineal de Bataille con la visión cosmogónica de Arguedas, para nada utópica, más bien poéticamente real:
La vida animal procede en su totalidad del movimiento de los mares, y en el interior de los cuerpos la vida continúa emergiendo del agua salada.
El mar ha jugado así el papel del órgano hembra que se licua bajo la excitación de la verga.
El mar se masturba continuamente.
Los elementos sólidos que contiene, removidos por el agua animada de un movimiento erótico, resplandecen en forma de peces voladores . (Bataille, 20)
El final de la novela nos muestra Arguedas un Apocalipsis en esta dicotomía sexo/erotismo: la peste como río negro, consecuencia de este mundo que, infectado por la marginación y conflicto, se revuelve y gime, se revuelca y rebela, acecha al pueblo y pretende destruir lo herido, ya gangrenado en el cultivo de la ignorancia, el poder y el abuso. Esta peste que avanza y destruye es ira que produce reflexión en algunas instancias del conflicto (la iglesia, por ejemplo), pero que en su mayoría mata y expulsa, porque la real convivencia con el mundo, el río profundo armonioso y lírico (Eros) no puede mantener su deformación, su herida, sin responder con cataclismo. De esta manera la destrucción recrea el devenir de la inoperancia absoluta (social, cultural, sexual); Arguedas vislumbra un Armagedón fatalista para la mítica realidad andina, pervertida en su hibridez. Es evidente que el símbolo es hiperbólico, pero un mundo mantenido dentro de parámetro de absoluta represión, ausencia de poder e ignorancia de sí mismos no podría más que destruirse, como un mal producto de una vil cópula llena de connotaciones extra eróticas.
IV. Amor mundo y el ilativo faltante
Tanto en El zorro de arriba y el zorro de abajo cuanto en El sexto, las representaciones sexuales de Arguedas son de una violencia descarnada y de un distanciamiento de lo erótico evidentes. La relación tratada entre el emparentamiento analógico no es de Eros hacia Tánatos, sino de otra esfera jerárquica, cuyos elementos simbólicos se mueven desde los engranajes del poder hegemónico de un espacio de degradación y supervivencia (El sexto) como en un asiduo estudio de la búsqueda obsesiva de la minuciosa destrucción en un ámbito de alta violencia social (El zorro de arriba y el zorro de abajo). Sin embargo, no es este un espacio de represión de lo sexual y unidimensionalidad moral del punto de vista en Arguedas, es una reprobación cultural al coito como medio de un ámbito degradado y no como un fin natural. Esto se prueba, con creces y en ruptura, en "El ayla" (Amor mundo), único título narrativo que demuestra una liturgia sexual, celebrada literariamente por el yo narrativo de Arguedas.
Amor mundo, texto conglomerado publicado casi al unísono en dos ciudades extremas al continente, fue editado en Montevideo y en Lima en 1967 con variantes que llaman la atención al analista e intercambian entre sí los ejes de acercamiento y criterios de clasificación. La edición uruguaya lleva numeración romana de los cuatro textos insertos en el volumen, mientras que la peruana ha prescindido de ellos. La ilación faltante podría tentarnos a clasificar al volumen como una recopilación de cuentos, como lo contrario a pretender sugerir, algo audaces, a la novela breve. Sin embargo, este cuestionamiento de especie literaria es poco productivo e innecesario, pues el conector es temático (en ambas especulaciones) y no estructural. La pretendida novela se sustentaría sobre la base de un acercamiento poco conexo entre espacios situacionales en los que se encara al amor carnal, concepto, cuestionado en la práctica dentro de los textos mismos. Si estuviéramos tratando con un texto de narrativa breve, la estructura temática hilvanaría tanto los textos dentro de un mismo foco de mirada que la simple "agrupación" le quedaría corta al volumen.
Amor mundo es una compleja y profunda excavación por los subterráneos conductos de la sexualidad y la moral ante la cual el indígena (y/o el mestizo) interactúa. Evidencia de dicotomía moral del indígena (mágico-panteísta) y de la cristiana (conservadora, represiva y represora) que comprenden una mixtura extraña, caótica y equívoca, en los adentros de una identidad erótica quebradiza. En todos los textos agrupados en el volumen (con excepción de "El ayla") el coito es un medio degradante, sirviente de otro fin extra sexual (incluso hasta económico). Calificado de "sucio", "aberrante" y "doloroso" el sexo está siempre al margen del placer y de la celebración vital que supone su noción erótica y exploratoria tanto de márgenes internos de identidad cuanto de espacios externos, del otro enriquecedor. Veamos tres ejemplos sucesivos (de tres de los cuatro textos constitutivos) de calificación coital en Amor mundo: "El horno viejo", "La huerta" y "Don Antonio", respectivamente:
-Calla, cacanuza; esta mujer se resiste como una vaca de esas que saben que las van a degollar, cuando otras veces era paloma caliente.
¡Calla, perro!(…)
El hombre empezó a babear, a gloglotear palabras sucias, mientras ella lloraba mucho y rezaba. (Arguedas, 223)
-La mujer sufre. Con lo que le hace el hombre, pues, sufre.
-¿Con qué dices, de lo que el hombre le hace?
-De noche, en la cama. O en cualquier parte sucia.
-Eres criatura. Ella goza más que el hombre. Más goza por eso acepta también quedarse con el hijo sin que el hombre le ayude en nada. Con eso sí sufre, buscando comida para el hijo. Porque siempre la mujer pobre acepta no más que le hagan el hijo, porque goza. (Arguedas, 229)
-La mujer, en donde quiera, está hecha para que el hombre goce, pues -le contestó don Antonio, con tono convencido.
-Y ella sufre, llora.
-Así es. Con su voluntad, sin su voluntad, por el mandato de Dios, la mujer es para el goce del macho. (Arguedas, 243)
Elemento ilativo del conjunto de textos es el personaje (Santiago) desarrollado en el devenir de las narraciones como una entidad experimental literaria a través del cual Arguedas elabora su análisis dicotómico. El personaje es un niño indígena que descubre, con las mixturas moralistas y mágicas de su mundo mestizo, la naturaleza del ser humano atado a ese contexto de valores entremezclados y/o contradictorios. Estos antivalores culminan por enterrar los impulsos naturales y enriquecedores de la sexualidad humana en una torcida y morbosa concepción entre machista, ignorante, represiva y obsesa que forja seres humanos extraños en constante divorcio con su ámbito natural. La represión católica, el machismo y patriarcado son elementos funcionales de la cópula vista como medio (esta visión reprobada por Arguedas) parecieran ser los elementos más corrosivos de este desarrollo natural, símbolo del antiarquetipo sexual arguediano, en detrimento de la concepción (condenada por occidente judeocristiano) libre e ingénita de la sexualidad indígena (retratada en el rito sexual homónimo de "El ayla").
Tout ce qu'il (Freud) dit de l'amour va à accentuer que, pour concevoir l'amour, c'est à un autre sorte de structure que celle de la pulsion qu'il faut nécessairement se référer. Il la divise en trois, cette structure, en trois niveaux -niveaux du réel, niveau de l'économique, niveau du biologique en dernier . (Lacan, 213)
En el caso de la exploración erótica de Arguedas en el ayla, la noción freudiana de Lacan se aplica en el contexto de la construcción de una noción erótica de amor versus una noción tatánica del sentimiento. La noción tanática es el antiarquetipo referido que ha sido la constante en el universo básicamente injusto e inmoral (en el sentido aristotélico teleológico de fines equivocados) relacionado con los conflictos en el mundo andino, lleno de connotaciones extra sexuales y el uso del coito como órgano y ejercicio del poder. La noción erótica del amor es el arquetipo sexual de Arguedas, contra el cual todo este ejercicio extra sexual del coito ha recibido su reprobación a lo largo de toda su obra narrativa.
La noción del amor que Arguedas valida es un amor diferente del de la pulsión sexual (que pudiera incluir una pulsión tanático-neurótica). La estructura construida se basa en un juego de oposiciones emocionales basadas en la libertad y en la pureza del impulso sexual, no condicionado al ejercicio del poder ni tampoco basado en un sentido esencialmente orgánico (biológico).