Eros in terra incognita.
Arquetipo y antiarquetipo sexual en Arguedas desde Amor Mundo.
Alberto Valdivia Baselli

I. El eje Arguedas

José María Arguedas (Andahuaylas, 1911-1969) abordó la sexualidad casi exclusivamente como una representación humana de involución salvaje, bajo una mirada reprobatoria, como un ejercicio activo de dominación masculina sobre lo femenino, del adulto sobre el infante, de lo fuerte sobre lo frágil, del sometedor frente al sometido, del conquistador frente al conquistado, de las razas hegemónicas frente a las subordinadas; una herencia maldita de la conquista y una persistencia neurótica y ramificada del ejercicio del poder y, asimismo, de la represión sexual occidental opuesta a las libertades naturales del mundo andino.

Arguedas fue nuestro mayor analista, constructor (y deconstructor) del mundo andino y de las dicotomías (incluso pluralidades heterogéneas) que han gestado nuestra identidad (desde el ande, hacia el ande y por negación del ande); no pudo, por lo tanto, evitar, en su análisis, el espacio sexual y el erótico en sus intensos acercamientos a la cultura y sociedad andinas (y, por ende, el construir dicotomías entre el mundo "occidental" y su noción erótica frente a la gesta de un erotismo empíricamente heterogéneo). Desde "Warma Kukay" (1933) hasta su afamada obra póstuma, Arguedas es un lector de sus crisis internas proyectadas por la realidad que se le construyó en derredor: no es un narrador realista ni testimonial, sino un condicionado por su contexto y, por lo tanto, un escritor de paradigmas.

Es claro que Arguedas como escritor paradigmático (productor y consecuencia) del mundo andino, postuló, muchas veces de manera explícita, sus tesis en este efecto. La visión arguediana construía sus universos metafóricos y testimoniales a partir de un mundo erróneo, disidente de sus paradigmas de realidad: subyacente a este mundo, existían dos subliminales: el mundo de tesis y la tesis en sí.

La tesis en sí siempre era el cambio en los efectos negativos (políticos, sociales, económicos) y la idealización de los mundos subalternos. En esta dicotomía del poder, Arguedas siempre defendería la tesis que aproveche los espacios de subordinación hacia una potenciación de ese sujeto subordinado para su vindicación moral o real. Sin embargo, la postura narrativa de Arguedas nunca fue una que incluyera una pretensión de corpus ideológico (a pesar de ideologías subyacentes) sino una construcción real del mundo andino desde su propia cosmovisión, no una traducción literaria, a pesar de la problemática del idioma, de la escritura y de su propia "traducción" castellana. La palabra fue el quiebre de distancia, para Arguedas, entre un mundo y otro, entre los varios pares de mundos divididos: la palabra que siempre es construida hacia el alcance del receptor, en su búsqueda constante de respondernos, en la comunicación, quiénes somos.

Par l'effet de parole, le sujet se réalise toujours plus dans l'Autre, mais il ne poursuit déjà plus là qu'une moitié de lui-même. Il ne trouvera son désir que toujours plus divisé, pulvérisé, dans la cernable métonymie de la parole . (Lacan, 211)

Para definir este mundo arguediano nos basta comprender que la realidad de este mundo se gesta a partir de la imposibilidad de una realidad. Arguedas, a pesar de sus tesis muchas veces exotéricas, supo de la imposibilidad de la traslación de mundos (el testimonial a la palabra; el andino al costeño u "occidental"; el "real absoluto" a la escritura), no pretende documentar (en ese sentido su literatura no es antropológica) pero sí internarse en una jerarquía intrínseca del ande antes no auscultada y pormenorizada en el lenguaje comunicacional del mestizo. El arquetipo arguediano deja de ser real para ser referencial (pórtico, símbolo de un mundo intraducible); y deja de ser tesis (unidimensional o meramente explicativa) para destapar el laberinto de nuestra identidad.

II. La dicotomía freudiana en Arguedas: el paradigma

La complejidad del paradigma del mundo andino (e insertado en la identidad total), nos lo muestra Arguedas, encerrado gravemente, en su paradigma sexual. El paradigma sexual (y erótico) del autor será, a lo largo de su obra narrativa, un referente básico para la comprensión del arquetipo de identidad o de fuerzas antagónicas, dentro del díptico desde el cual toda tesis arguediana se gesta no para el maniqueísmo bidimensional, sino para el laberinto de dicotomías que conjuga la identidad de los sujetos y mundos narrados.

Los pares desde los que se gesta el paradigma sexual arguediano son muy cercanos a la noción erótico-tantática freudiana que incluye en su concepción libidinal dos fuerzas instintivas en la vida anímica en general, sin excluir ningún tipo de pulsión vital a lo relacionado con lo erótico:

Unos de estos instintos, que laboran silenciosamente en el fondo, perseguirían el fin de conducir a la muerte al ser vivo; merecerían, por tanto, el nombre de instintos de muerte, y emergerían vueltos hacia el exterior por la acción conjunta de los muchos organismos elementales celulares, como tendencias de destrucción o de agresión. Los otros serían los instintos sexuales o instintos de vida libidinosos (el Eros), mejor conocidos analíticamente, cuya intención sería formar con la sustancia viva unidades cada vez más amplias, conservar así la perduración de la vida y llevarla a evoluciones superiores. (Freud, 2676)

El hecho de que Arguedas confesara en una entrevista a Tomás Escajadillo que había sentido desde pequeño cierta aversión a la sexualidad, no descalifica nuestra tesis sino que verifica su discernimiento. La violenta y rígida mirada de Arguedas sobre la sexualidad en toda su obra excepto en una parte de Amor mundo constata que en el narrador no jugó un papel decisivo el condicionante biográfico como pulsión estética (ni teórica), sino una importante carga moral-intelectual sobre los mundos reconstruidos: el paradigma sexual arguediano no era sexual sino erótico (en el sentido freudiano).

En eso de ajuntarse el hombre con la mujer, el hombre no es hijo de Dios, más hijo de Dios son los animalitos. (Arguedas, 243)

El universo de Arguedas emparentó el ejercicio fálico de la cópula con la represión cultural andina, con un machismo occidental y un agregado hispánico al erotismo utópico y natural ejercido en armonía con los símbolos y los dioses de la mitología andina. El erotismo solo se puede dar en libertad, sería la consigna; el poder y la fórmula sometedor/sometido sexual, al margen de su carga tanático-erótica, no se insertaba en el paradigma arguediano. Los elementos de Empédocles, son vistos por Arguedas como un conjunto simbiótico y uniforme (a pesar de relacionar entre sí dicotomías tan distantes como hembra y macho o como vivo e inerte), no exento, sin embargo, de corrupción a partir de la negación de este paradigma.

Ainsi le feu sexualité est par excellence le trait d'union de tous les symboles. Il unit la matière et l'esprit, le vice et la vertu. Il idéalise les connaissances matérialistes; il matérialise les connaissances idéalistes. Il est le principe d'une ambiguïté essentielle qui n'est pas sans charme mais qu'il faut sans cesse avouer, sans cesse psychanalyser dans deux utilisations contraires: contre les matérialistes et contre les idéalistes . (Bachelard, 99)

Si revisamos la obra narrativa de Arguedas, en su conjunto encontraremos una persistencia de reprobación sexual y un espacio sexual recurrente de violencia y dolor. No es que Arguedas haya tenido simplemente un reparo biográfico categórico (a pesar de lo confesado a Escajadillo) a la sexualidad que incitara el rasgo referido frente al tema (en todo caso, ese reparo personal no sería la causa fundamental de la actitud narrativa), sino que, a lo largo de su obra, la sexualidad descrita siempre solía herir a su paradigma. Y esto lo sabemos a partir de la ruptura del antiparadigma persistente (el largamente reprobado por Arguedas): la única ruptura, el mundo sexual utópico de la narración "El ayla" en Amor mundo.