
 
Óscar Limache
Para Jaime (que es como decir Santiago)
Vamos: no quisiste saber nada de
ese Desierto maldito te dio
miedo yo sé que te dio miedo
cuando supiste que se había
internado por esas cochinas
pampas claro no quisiste
saber nada pero se te volaron
los colores de la cara y bueno
dime: te creías que era poca
cosa enfilarse para allá para
volver después de su propio
nunca dado vuelta extendido
como una llanura frente a nosotros
(Raúl Zurita, Purgatorio, 1979)
1 DESIERTOS
Anda yo también soy una buena
mancha Cristo -oye lindo no
has visto tus pecados?
Con treinta años
y todos tus pecados al hombro
en dos ruedas
empiezas
tu prédica por el desierto
El sol de Mala o los vientos de Paracas
no serán óbice a los pedales
ni las líneas intermitentes de Nasca
o las cuestas de Toquepala
(donde también guardamos antiguas escrituras)
impedirán por el globo la tracción de tus anillos
¿Tan pronto desististe
de la misión de salvar a tus hermanos?
Corre pues y esparce la noticia por los bordes del mundo
Para que te crean debes alejarte mucho de aquí
mucho del aserrín de tus pisos
de la yerba de tus pasos
de tus aciagas noches
Tantos quisimos ser
(como tú)
profetas
desde nuestras propias azoteas
pero los raptos de lucidez
no nos dejaron
estrellarnos contra el suelo
2 EL DESIERTO DE ATACAMA
Los desiertos de atacama no son azules porque por allá
no voló el espíritu de J. Cristo que era un perdido
Transpiras el agua que no bebes
Es grande la tentación de estas móviles franjas amarillas
donde sólo se oye el mar a lo lejos
o el rastro de las lagartijas tras océanos inexistentes
(como cuando andábamos buscando sombras
por las abandonadas ciudades de barro de nuestra patria)
En el desierto más seco de la Tierra
deberías tú ser como un cactus
-por siglos ya despojado de sus hojas-
y así podrías retener con más facilidad
los nombres de los pueblos
que asoman curiosos y raudos a la cinta de asfalto
Bajo nuestro sol
(aclárame este asunto)
¿a qué temperatura se vuelven líquidas
las carreteras del cielo?
3 PARA ATACAMA DEL DESIERTO
Nosotros seremos entonces la Corona de Espinas del Desierto
También hay desiertos blancos
(si no pregúntale a Ismael
redimido de ballenas
en estos mares inmensos)
También hay desiertos frígidos
como arroyos virginales a las puertas del infierno
También hay vastas extensiones
carentes de recelos
donde apenas ves un alma
o sestea algún camélido
También hay curvas ciegas
donde la muerte espera
En un paso de los Andes
(como lanza brillante arrojada a tu costado)
un camión argentino teñirá de sangre la nieve
y arrastrará tu cuerpo hacia la tierra exangüe
y no habrá en la cordillera
quien te auxilie o te bendiga
(sólo un Cristo fronterizo
que corone las alturas
y que inútil te sonría
desde su cruz invisible)
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