Relecturas versológicas de Hinostroza.
Camilo Fernández Cozman.
Rodolfo Hinostroza & la poesía de los años '60.

Lima: Fondo Editorial de la Biblioteca Nacional del Perú, 2001.
Elio Vélez Marquina

Comprender la literatura desde su centro más íntimo no es una tarea sencilla. Si partimos del porqué de su forma, de su estructura, de su verso, estamos ya introduciéndonos en el ámbito de la abstracción y llegamos al territorio de la teoría. Así, Fernández Cozman, con el presente trabajo, aventura no solo una nueva "lectura" ("relectura", o mejor "interpretación") de la poesía de Hinostroza que se proyecta inclusive sobre el de la generación del sesenta que contiene al susodicho autor, sino que también es un intento por descubrir los instrumentos retóricos y cuando las poéticas subyacentes al verbo del poeta.

Su estudio, que ya se vincula con aquellos de la pragmática y la neorretórica del Grupo m, tiene por objetivo una supuesta "poética de la intertextualidad de la lírica de Hinostroza". Para ello el autor no escatima en apoyarse en los supuestos teóricos del grupo de la Universidad de Lieja ya mencionado, y esto constituye, según nuestra opinión, uno de los desaciertos del libro. La neorretórica del Grupo m puede ser tildada de "restringida" en la medida que reduce todos sus componentes al tratado de las figuras. Estas son extraídas, con ojo de buen taxonomista, del corpus maior que abarca no solo la Ars poetica y la Retórica aristotélicas, sino la Epistula ad pisones horaciana y los tratados de Pseudo Longino y Demetrio por ejemplo. Somos conscientes de que la voluntad de Fernández Cozman trasciende en todo momento el absurdo de la identificación de los topoi y de las figuras utilizadas por Hinostroza; su estudio tiene la voluntad de encontrar un sentido, una justificación que conduzca lo "formal" (ya entendido como retórica o poética) hacia lo fáctico, es decir, a aquello que es historia extraliteraria. Sin embargo, la retórica del Grupo no deja de ser materia superada por estudios como los de Stefano Arduini, Paolo Valesio, Giovanni Bottiroli, Antonio García Berrio y Ángel López García quienes guiados por las críticas de Paul Ricoeur reconocen en la retórica algo más que una simple desviación de una norma o un desplazamiento en el nivel semántico-intensional. Esto lo ha entendido bien Fernández Cozman, mas utiliza, aún, una jerga circunscrita a una cofradía asaz inaccesible y deteriorada.

Uno de los puntos fuertes del libro es la contextualización que hace de la poesía del autor de Contranatura, puesto que lo trata de mostrar es, justamente, la poética de la intertextualidad. Para ello hace una primera revisión del estado de la crítica en torno a la poesía de Hinostroza que resulta ilustrativo y en algunos momentos polémico. En seguida, Fernández Cozman ubica a Hinostroza dentro de la denominada generación del sesenta para hacerlo partícipe de un número de características comunes. Juzgamos que la lectura de un autor no debe pasar por alto el contexto (que en este caso no solo es intertextual, sino también, histórico-social) y por eso el intento de Fernández Cozman es meritorio, mas no podemos dejar de hacer algunas objeciones sobre los conceptos manejados. Se habla, en el nivel generacional, de una "conciencia estructural del poema" (p. 71). Nosotros preguntamos ¿cuándo un poema carece de estructura? Creemos, junto con Amado Alonso, que las estructuras (como el ritmo de un verso por ejemplo) son algo que o bien crea el autor, o bien crea el lector. El poema puede tener una estructura siempre y cuando el lector desee encontrarla. El autor se apoya en los juicios emitidos por los miembros de dicha generación donde aparece en repetidas veces el término "estructura". Esto no es índice seguro de una verdad, en todo caso revela una "preocupación" que debe ser atendida de manera objetiva por el crítico. ¿De qué tipo de estructura se habla cuando se cita y comenta "El río" de Javier Heraud (p. 77-78) o "Fragmento" de Luis Hernández (p. 79-80)? Para el primer ejemplo se habla de una estructura fundada en la secuencia anafórica de las siguientes frases "Yo soy un río", "Yo soy el río", que no se definen ni como versos ni como hemistiquios. Una secuencia anafórica nos debería sugerir antes bien un ritmo de pensamiento que se manifiesta en versos paralelísticos (Paraíso, 1985).

La estructura de dicho poema estaría antes en la configuración estrófica. Para el poema de Hernández, se dirá que la "estructura" tiene por eje la utilización del verso corto y los encabalgamientos. Sin duda, estas son características del poema en ciernes, mas dichos elementos escapan de toda función estructurante por ser sí de índoles tonal y cuantitativa. El tercer punto en común a la generación del sesenta sería la utilización del verso narrativo y conversacional. He aquí otra aspereza.