Maquinarias textuales
Sergio R. Franco. A favor de la esfinge.
La novelística de J. E. Eielson.
Lima: U.N.M.S.M. Fondo Editorial, 2000.
Miguel Maguiño
Es indudable que la obra novelística de J. E. Eielson requería de un estudio mayor que echara luces sobre esta faceta, muy frecuentada pero poco estudiada, de uno de los escritores más importantes de nuestro país. El libro repara este vacío y se propone a su vez como un desafío a los límites de la propia interpretación. Pero vayamos por partes.
Según R. Franco, las novelas de Eielson contienen instrucciones precisas para asimilarlas fácilmente, en una lectura ingenua y abstrusa, a un texto mayor denominado "realidad peruana"; esta rápida identificación, anodina y despistada, privilegiaría en exceso el contenido, potenciaría excesivamente los realemas presentes en la escritura de estas novelas, desechando en gran medida el contenido que la forma impone. Para demostrar como son los propios textos quienes socavan, sabotean esta perspectiva interpretativa R. Franco analiza la ciencia ficción, lo contrafáctico, lo incoherente, la espacialización del tiempo y la configuración de los personajes como elementos difuminadores de una simplista lectura realista.
Las novelas de Eielson, y siempre desde las hipótesis de R. Franco, se caracterizarían por una narrativa tridimensional; el elemento central de ésta es la espacialización del tiempo que interrumpe el flujo discursivo, lo que ocasionaría en la lectura de los textos "un efecto de cuadro, de espectáculo verbal, de performance" (p. 48). Una narrativa más compleja, más incierta, menos puntual pero que pretende, de igual manera, aprehender la realidad.
En una segunda instancia la maquinaria empleada por R. Franco para realizar la lectura de El cuerpo de Giulia-no (1971) y Primera muerte de María (1988) de J. E. Eielson se detiene en establecer e identificar los lazos, relaciones y formas de estructuración entre estas novelas con otras expresiones artísticas, tales como el cine, el teatro, la pintura, etc. Las interrelaciones que se establecen entre las diferentes artes y las novelas de Eielson privilegian el plano sintáctico-semántico. En este punto operaciones como la elipsis, el alargamiento y, sobre todo, la conexión intertextual entre Primera muerte de María con Le Grand Verre, de Marcel Duchamp, se privilegian de un análisis demorado que pretende demostrar cómo el empleo de los mismos genera en el receptor una lectura dilatada de los bloques narrativos; las formas como generadoras de sentido. Mas no se piense que nos encontramos frente a textos narrativos que pretenden sintetizar en un todo armonioso una diversidad de códigos, nos recuerda R. Franco, estos códigos están anudados, coexisten resemantizándose.
La demora, la parsimonia que impone cada bloque narrativo de las novelas eilsonianas, se consigue gracias a un trabajo intenso de cada una de ellas. Privilegio de la parte sobre el todo. Por tal razón, para R. Franco, Eielson no es propiamente un novelista ni un narrador, en todo caso la opción por el lirismo se impone como estructura básica de composición de sus novelas. En este punto el autor del texto reseñado establece lazos entre la producción poética de Eielson y sus textos narrativos analizados: La identificación, la asimilación de los elementos antinómicos, la casi inexistente demarcación que separa a los personajes entre sí y el éxtasis, junto a las fechas de composición de estos textos con los de su poesía, sostienen esta opción interpretativa.
Hasta aquí una apretada síntesis de lo que presenta el texto de R. Franco. Ahora quisiera concentrarme en un punto que obliga a una reflexión mayor.
En el primer capítulo del texto R. Franco afirma que "muchos elementos de las novelas de Eielson sólo resultan claros para el lector si se les interpreta desde la perspectiva autorial y su proyecto estético-literario, antes que desde la dinámica interna de la historia que se refiere" (p. 32).
Estoy de acuerdo con la necesidad de restituir a esa unidad imaginaria llamada Eielson la autoría de los textos, también comparto la necesidad de establecer otro nivel de comprensión a la hora de elaborar y suturar los vacíos que proporcionan las novelas de este autor para una mejor intelección de las mismas; sin embargo, en ninguna parte del texto se aborda el proyecto estético-literario de Eielson, a no ser que se quiera entender por el mismo la primacía de la palabra de la Esfinge; polisémica, imprecisa, y por lo tanto abierta a múltiples interpretaciones, que genera una narrativa capaz de renunciar a la historia, a la concreción de los personajes; por sobre la de Edipo, unívoca, fija, que ancla el interminable juego de la semiosis. Si esto es así; entonces, por qué al final del primer capítulo del texto se concluye con las siguientes frases: "Las diferencias que hallamos entre las novelas de Eielson y otras, digamos, más convencionales, deriva de una imagen del mundo diferente, pero el imperativo tradicional perdura: aprehender la realidad." (p. 51).
Se levanta una sospecha: la máquina interpretativa que hace hablar a las novelas analizadas resulta excesiva, los vacíos de sentido que propone el texto se observan a sí mismos y en esa contemplación se deleitan. Triunfa la máquina arrojándonos en sus propios agujeros negros. Si la interpretación como tal es cuestionada, la imperiosa necesidad occidental de adjudicar un sentido a cada discurso, no es menos cierto que este texto, la interpretación que realiza, se mueve entre la habilidad de su propia escritura y los vacíos que ignora.