Luz de Coral
Víctor Coral. Luz de Limbo.
Lima: Delfín Arisco Ediciones, 2001.
José Gabriel Cabrera Alva

¿Qué es la lucidez? ¿Tiene algo que ver con la luz? Y si es así ¿con qué luz? Y finalmente ¿Por qué empezar la reseña de un libro de poesía con estas preguntas?. Quizá la respuesta esté del lado de la propia creación: ese arrebato que a un tiempo puede unirnos con todos los elementos del universo(luz) y cuestionar nuestra propia existencia (limbo).

Luz /luz de limbo /lucidez. Savater nos exime de tener que recurrir al diccionario, y es así que nos encontramos con que lucidez y luz están unidas en su entramado, haciendo que esa luz de la lucidez se refiera a las personas y sus ideas. Es por esto que no resulta gratuito el título que le ha dado Víctor Coral a este su primer poemario: Luz de limbo.

En cuanto a limbo, creemos que su función es desarraigar esa luz, hacer que no esté ni aquí ni allá, en una suerte de exilio conceptual, o de desierto gnoseológico (si se prefiere). Nuestra lectura es que precisamente uno de los elementos más relevantes en la poesía de Coral -podríamos decir el que la articula- es una cierta problemática existencial que inscribe su poesía en un terreno donde la verdad y la seguridad del ser humano en cuanto al conocimiento, se desestabilizan, se desestructuran.

Pero no se crea que esto es un intento epidérmico por cubrirse con hábitos a la moda. El yo poético que se configura tiene la densidad y la coherencia suficientes para demostrar que la búsqueda es autentica y proviene de una concepción del mundo largamente madurada.

El no saber ("Muy breve reseña de la vida de Antonio Ruiz de Montoya") y el no llegar ("Rose") son algunas de las constantes de este libro (y claro está el no saber es otra forma de no llegar). En "Muy breve reseña..." el yo poético una vez más no alcanza nada (aún dentro del plano del conocimiento): "Ah, y nos dejó el Sílex, libro hermoso y sugerente /Que trato de seguir-no sin mucha pretensión-/Desde hace más de dos meses/ Sin lograr absolutamente nada."

(El subrayado es nuestro). Así, una de sus marcas centrales sería el fracaso, pero además ayudaría a mostrar la insuficiencia del ser del hombre, aunque también su reverso: la búsqueda siempre insatisfecha de conocimiento.

Uno de los poemas acaso más densos simbólicamente del libro es "La voz", donde el yo poético se articula a partir del escepticismo. Ya el primer verso nos lo sugiere: "Cuando a nadie se espera".

El no saber y el no llegar de la poética de Coral se complementan aquí con el no hacer: "poco o nada hice por la tierra que amé". Aún lo corporal se ve frenado por éste: "no atendí siquiera al grito de mi propio cuerpo".

Se puede señalar a partir de esto, que no es que el amor ni el deseo no existan (cómo poder evitarlo) sino que estos se ven mediatizados por la inacción, que, al menos en el poema en cuestión, se frenan por la falta de "valor" del yo poético: "Yo quise amar con el amor que no existe,/Quise perderlo todo y me faltó valor". Pero es la poesía la que reivindica todo esto y he allí uno de los pocos triunfos del yo poético: "pero pude cantar y, de vez en cuando, / vencer".

Este escepticismo, esta insuficiencia, representados por el yo poético de Luz de limbo, se articulan además con otra idea central en este libro: el descreimiento no sólo en cualquier forma de trascendencia en sí, sino sobre todo en cualquier forma de trascendencia vinculada con lo divino.