Más allá de la violencia
Miguel Gutiérrez. El mundo sin Xóchitl.
Lima: Fondo de Cultura Económica, 2001
Javier de Taboada

Pero no es esta una novela 'de aprendizaje', no hay ese descubrimiento de un mundo que se va revelando inhóspito aunque fascinante [algo de ello se vislumbra en la relación de los hermanos con la ciudad de Piura, minoritaria en el relato, ya que "para Xóchitl y para mí el lugar privilegiado de la dicha era nuestro hogar" (90)], no hay ese despertar al amor y al sexo cuyo misterio ocupa gran parte de las elucubraciones del adolescente, no hay - como es corriente en literatura - ese descubrimiento del arte como medio de expresión; no se trata, en suma, de personajes inseguros, imperfectos, irreflexivos, falibles, inocentes.-->

No, por el contrario, Güencho y Xóchitl ya tienen en sí mismos aquello más preciado que la vida podría darles, saben lo que quieren de manera definitiva y lo que les preocupa es conservar esa posesión. La relación con su mundo inmediato (Artemisa, don Elías y sus amigos, los compañeros de juegos) es de superioridad, se trata de "niños hipócritas y perversos" que manipulan a quienes los rodean, a través de llantos fingidos y una inocencia calculada, y si esto no funcionara, del espionaje, el chantaje y hasta la brujería. No faltará quien observe - con razón - que estos sentimientos y actitudes también son propios de la niñez ("En la infancia se cometen actos malvados antes de conocer las palabras que los señalan" (35)). Pero para despojarse de los niños inocentes y puros de los cuentos de hadas no es necesario saltar a los niños siempre malignos de los thrillers satánicos.

En realidad, el problema es la excesiva madurez con que estos hermanos asumen sus relaciones entre ellos y con el mundo. Por ejemplo, la serie de juegos eróticos organizados por Xóchitl en la mansión, que tanto fascinan y alteran a sus compañeros invitados, tienen para ella un sentido muy diferente: "La cuidadosa selección que hizo mi hermana para sus fiestas eróticas respondió a los asuntos o temas que se había propuesto investigar" (113). O en palabras de la misma Xóchitl, "Tontos de remate. (,,,) Estoy cansada de tantas pruebas a que los sometí" (117). Cuando Harold Dunbar convida a estos niños de doce y once años lo que cree que sería su primera copa de gin, ignora que estos ya se habían convertido desde hacía tiempo "en consumados bebedores".

La única dimensión de ternura que muestran estos niños es la que prodigan hacia su hermano Papilio, a quien llaman y tratan como "su hijo", es decir, se enmarca dentro de una actividad típicamente adulta. En general, creemos que a diferencia de muchos personajes secundarios, especialmente los ligados al quehacer intelectual (como Dunbar, don Elías, Mathilde, etcétera.) que resultan convincentes y seductores, existe una cierta incapacidad para adoptar verosímilmente el punto de vista de personajes de esta edad y condición.

Gutiérrez, por cierto, no deja de percibir este inconveniente y trata de resolverlo de dos maneras. Primero, en el nivel argumental, adjudicándole a sus personajes (por cierto, ya bastante avanzada la novela) la calidad de "niños-prodigio", especialmente talentosos en el piano. No estaría de más, por cierto, revisar algo de psicología, para ver si la patología de desensibilización de estos "niños perspicaces" puede tener efectivamente alguna relación con su precocidad intelectual y artística, pero en todo caso funciona como una compostura parcialmente convincente.

La otra solución, a nivel metatextual, es enunciada en el prólogo, en el siguiente comentario de Wenceslao sobre Dostoievski : "Pero quiero decirte que genio es justamente quien es capaz de escribir algo estúpido y resultar conmovedor y convincente". ¿Para que puede estar insertado esto aquí sino para advertirnos de la calidad melodramática de la novela? Ya que se apela al misterio (lo inexplicable que convierte lo estúpido en conmovedor) no negaremos por supuesto que éste haya operado (y pueda operar) para muchos lectores, pero en nuestro caso particular tal genialidad no ha llegado a evidenciarse. Creemos que es ésta una novela no exenta de pasajes y personajes notables (verbigracia: la historia de don Elías y sus matrimonios), aunque tampoco de carencias y limitaciones que atentan contra la verosimilitud genéricamente realista en la que se inscribe. Seguiremos esperando.