Más allá de la violencia
Miguel Gutiérrez. El mundo sin Xóchitl.
Lima: Fondo de Cultura Económica, 2001
Javier de Taboada

Una década después de La violencia del tiempo (1991), proyecto monumental y ambicioso que, sin embargo, no alcanzó el éxito esperado por su autor, y después de varios textos breves, Miguel Gutiérrez decide probar de nuevo el formato de novela extensa. Aunque esta no parece ser la opinión del narrador (a quien en sus funciones de administración y control del relato podemos equiparar al autor), quien constantemente hace mención a la limitación de no digresionar que él mismo ha impuesto para su relato : "No los abrumaré con detalles que no harían sino desviar la atención del verdadero tema de estas Memorias " (214) ; "aunque por economía en estas Memorias fundiré en una secuencia única (...) " (224) ; "no es necesario que sea prolijo con este asunto (...) Bastará con un resumen " (274) y así a lo largo de toda la novela. Relato extenso pero conciso, que se toma su tiempo pero evita el desperdicio, entre la desmesura de la novela total y la brevedad exigida por el mercado.

El mundo sin Xóchitl narra la historia de un incesto feliz. Wenceslao, hombre ya viejo, decide rememorar la única época importante de su vida : aquella en que conoció el amor absoluto al lado de su hermana Xóchitl. Narra pues, la vida de los dos huérfanos (y de su hermano retardado Papilio) en la enorme mansión que su padre hizo construir en tiempos pretéritos, dado que al tiempo del relato, la fortuna familiar, antes cuantiosa, se encuentra en un acelerado proceso de evaporación. Narra luego el odio de los hermanos hacia don Elías, su padre, quien al descubrir el incesto, pretende separarlos, y los intentos de los niños por eliminar a su rival. Narra finalmente la huida de los hermanos a la muerte del padre de Piura hacia Morropón, donde una peste va a acabar a los 14 años con la vida de Xóchitl.

El relato está presentado como un testimonio, como las Memorias del protagonista de la historia, quien después de redactarlas, dispone que a su muerte sean entregadas a Martín, su amigo de la adolescencia convertido con los años en escritor, para que decida si merecen ser publicadas. El destinatario del manuscrito, por supuesto cumple con su cometido y escribe además un prólogo donde explica las circunstancias de su hallazgo y da su propio testimonio respecto de su amigo.

Nos recuerda así un artificio ya clásico en la literatura en que el texto de ficción pretende camuflarse como un texto 'verdadero'. Este camuflaje puede llegar a notables niveles de sofisticación, como en el caso de Borges o, para hablar de novelas, El nombre de la rosa, en donde la erudición filológica del prólogo podía sorprender a más de un lector inexperimentado, pero en esta novela el artificio se ve desactivado desde el inicio mismo del libro, cuando el autor inserta una página de 'Reconocimiento' en donde además de presentarnos a la primigenia poseedora del nombre Xóchitl (la hija del fotógrafo Julio Olavarría), considera necesario precisar que: "Como toda novela, El mundo sin Xóchitl es una ficción, una invención que no se basa en experiencias propias ni en experiencias de personas existentes". Si esto es así, entonces ¿por qué se toma tanto trabajo en simular lo contrario? Si las fronteras entre ficción y realidad son tan claras, ¿por qué no ingresar de lleno al universo ficcional diferenciado, sin necesidad de pergeñar supuestos testimonios? Tal vez, siguiendo el sentido de la advertencia, esto le permite establecer una mayor distancia entre autor y narrador, adecuada para tratar un tema "delicado" como el incesto. Tal vez sea por fidelidad a los recursos narrativos decimonónicos con los que está construida la novela (verbigracia: focalización fija, constante referencia a las fuentes documentales de donde provienen los hechos de la trama). Tal vez el autor se encuentra fascinado por los vasos comunicantes que establece entre la novela y el prólogo (e incluso con los personajes del "Reconocimiento", ¡aparece la "verdadera" Xóchitl !). Tal vez, por el contrario, considera sus estrategias como meros artificios de los que desconfía.

Pero ya dentro de la novela misma, el problema más serio que tiene El mundo sin Xóchitl es la construcción de sus personajes protagónicos. Se cuenta un periodo en la vida de esta pareja de hermanos que abarca entre los 11 y los 14 años: es decir la etapa de la pubertad, y el comienzo de la adolescencia.