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Entrevista a Mirko Lauer
La crítica literaria está fuera del debate nacional
A.Z.: Eso significa que la crítica literaria peruana no participa en la lucha política de los universos discursivos.
M.L.: Así es, la crítica literaria está definitivamente fuera del debate.
A.Z.: ¿Cuándo estuvo la critica literaria dentro del debate?
M.L.: La última vez que recuerdo fue cuando se produce la latinoamericanización en torno a la Revolución Cubana, hecho que coincide con el Boom narrativo hispanoamericano. Allí se fundan 40 años de partido único cubano y 40 años de expansión editorial española. En ese momento, un hombre como José Miguel Oviedo, desde las páginas de un periódico de la importancia de El Comercio, pudo convertirse en el vocero de lo editorial y de lo político-literario, introducir ideas y posibilitar que la crítica literaria se dé alrededor de temas como la Revolución Cubana, la unidad de lo latinoamericano, lo nacional, la burguesía, la modernidad, las nuevas sensibilidades, e incluso el nacimiento de la contracultura. En ese momento, leer reseñas, i.e. crítica literaria, era parte del debate.
A.Z.: ¿En qué momento salimos de allí?
M.L.: En la época de Juan Velasco Alvarado, que fue el periodo de auge de las ciencias sociales. A partir de allí por un largo tiempo el debate literario pasa a ser mucho más sociológico y, pierde parte de su consistencia. De alguna manera, yo también soy corresponsable de eso, por el tipo de trabajos que realizaba y promovía. Pero el paso a la sociologización de los discursos locales no era arbitraria; las obras y los textos a menudo efectivamente eran más interesantes por sus resonancias en lo social que por sus resonancias en lo textual, lo espiritual, lo cultural y en el idioma. En eso el lector, al igual que el cliente, tiene siempre la razón. Ganancia para el proceso social, pero quizás pérdida neta para la literatura. Es probable que José María Arguedas haya sido mucho más seguido por razones extraliterarias, pese a ser tan buen escritor. Cuando ese ciclo de la sociologización se cierra, los temas culturales empiezan a desradicalizarse y pasar de la preocupación social a la sección sociales.
A.Z.: Siempre las condiciones materiales para los que laboramos en esta tierra de nadie han sido precarias, pero hoy son miserables.
M.L.: Muy. Como no se tiene tiempo excedente, pues 98% de los que se dedican a estas actividades gana mal, trabaja en demasiados sitios, entonces no hay tampoco inversión de lo que Pierre Bourdieu llama capital cultural en estas áreas. Si uno pasa revista a la parte de los libros de crítica literaria, éstos están más vinculados a los compromisos académicos de las personas que han realizado dichos trabajos antes que a la actividad profesional en sí misma. Yo no sé de nadie a quien le hayan pagado por escribir un libro de crítica literaria. Si hubiera un público capaz de comprar dos mil ejemplares de ese producto, estoy seguro que aparecería una nueva crítica literaria. En el caso de los reseñadores de nuestros periódicos, tengo la seria sospecha, por el fondo y la forma de las reseñas, que el libro regalado (al que por lo general tampoco se le mira el diente) es el único pago efectivo y puntual de ese trabajo.
Canon fosilizado y ausencia de experiencias comunes
A.Z.: ¿Qué relación encuentras entre la crítica literaria y el canon nacional? La estantería del establishment tiene libros apolillados porque nadie los lee y hay muchos espacios vacíos; sin embargo, somos incapaces de sacar lo que no sirve y colocar cosas nuevas. Como si fuéramos víctimas de una fosilización invencible.
M.L.: El canon, como estantería, necesita ser reordenado, espolvoreado, rociado con líquido antipolilla y probablemente a medida que la población crece y el tiempo pasa se le debe añadir unas cuantas tablas con ladrillos en uno de los extremos. Eso no ha sido hecho desde por lo menos fines de los años 40 y comienzos de los 50, cuando intelectuales como Jorge Basadre o José Galvez contribuyeron a hacer el balotario con el que todos hemos estudiado. Al balotario se le ha añadido novedades, cómo no, pero no ha sido repensado, a pesar de que un cúmulo de investigaciones ha cambiado por completo la topografía literaria. Hay una especie de tranca política y de ocio que ha impedido que el cambio se procese.
A.Z.: Como sí ha ocurrido en el caso de la historia.
M.L.: Así es. Pero eso fue porque con la llegada de los años 70 la historia sustituyó a la lingüística como disciplina piloto en las humanidades. La literatura no tuvo esa ventaja, más bien hace mucho que está sin piloto
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