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Ejercicios materiales: aprender la mortalidad Rocío Silva Santisteban
Introducción
La poesía de Blanca Varela (Lima, 1926) es una de las grandes aventuras literarias latinoamericanas. No se trata sólo de poemas bien escritos ni de textos rigurosos de medidas exactas y dimensiones precisas, Blanca Varela es una autora cuya característica principal es el riesgo y esta estrategia, en un espacio tan susceptible como el poético, puede convertir al autor en un productor de fuegos artificiales sin más fondo que la oscuridad de la nada; Varela en cambio, conecta las obsesiones de sus trabajos anteriores y de su propia trayectoria para, en cada uno de sus libros, plantear una propuesta estética diferente, radical, contradiciéndose a su obra anterior, y por lo tanto, completándola en un audaz juego de antítesis. El poema "Ejercicios Materiales", fue publicado originalmente en el libro que lleva el mismo título editado por Jaime Campodónico en una edición limitada en el año 1993 (Lima); luego, en la segunda edición de su obra poética completa Canto Villano (1996). Este poema reflexiona -dándole una vuelta de tuerca a la mística ignaciana- en torno al tema de la visión de un cuerpo sometido a la inclemencia de su temporalidad. El deterioro del cuerpo produce en el ser humano un miedo interno, una parálisis, una situación que no sólo incomoda sino que produce terror: el miedo a la corrupción de la carne posterior a la muerte física.
En torno al tema del deterioro de la carne y su vinculación con la ruptura de los parámetros de la abyección establecidos a partir del "cadáver en potencia que somos" (Cioran 134), se ha analizado este poema, que nos presenta de manera directa y desnuda, las diversas dimensiones en las que, durante el preciso ciclo de la vida y a través del propio cuerpo, penetra la otra dimensión de la existencia.
Si los ejercicios espirituales son un intento de comunicación con la dimensión trascendente (Dios), esta réplica en versión tangible y casi fisiológica es todo lo contrario, esto es, la constatación de la fuerza de la materia como "ejercicio" para predisponernos al escarnio de nuestra carne en permanente estado de descomposición como antesala del último rito funerario: la aceptación poética, filosófica y existencial de la muerte.
Carácter de su propuesta estética: el doblez
Con sólo siete libros publicados en toda su vida, Blanca Varela ha logrado concentrar la densidad de la experiencia vital y estética en pocas y preciadas palabras. Cuando tuvo que callar, prefirió el silencio a la vocación rutinaria de repetir un mismo estilo . Sus propuestas poéticas son muy variadas: en toda su poesía la autora lucha contra sí misma en momentos previos, y luego vuelve a reconciliarse con sus expresiones pero rearmadas, deconstruidas, relocalizadas. Tienen sus versos tonos pictóricos; un tempo lento por momentos, grave en otros; sus temas varían desde la experiencia mística (aunque distante y seca) hasta los diversos e insospechados retruécanos de la maternidad, pasando, como lo hemos señalado, por la reflexión sobre el cuerpo y la muerte.
Varela logra transmitir a sus lectores la exacta sensación de lo que fuimos y tal vez un vago acercamiento a la experiencia sensible de lo que seremos ("la belleza final es cruenta y onerosa/ inesperada como la muerte/ bala tras el humo de la zarza" vv. 45-47). En cada uno de sus poemas, además, hay una invitación hacia el lector a que se abisme más allá de toda sólida y aburrida certeza, a través de caminos alternos, entrecruzados, oscuros pero empapados de brillo e intensidad.
La forma de encarar el trabajo poético de Blanca Varela es el producto de un encuentro frontal con la vida y de una honradez artística sostenida a través de los años: se trata de una lucha inflexible con su propio estilo. Si "Camino a Babel" o "Valses" son poemas que apuestan por la imagen sobre la metáfora, "Casa de Cuervos" recorre a través de la alegoría una entrada ética no tradicional al tema de la maternidad y Concierto Animal, su penúltimo libro publicado, concentra sus recursos en un trabajo con los desplazamientos iniciando un camino áspero y seco hacia una propuesta poética visionaria (Bousoño) sobre la agudeza del dolor y del silencio ("si me escucharas/ tú muerto y yo muerta de ti/ si me escucharas [...] viva insepulta de ti/ con tu oído postrero/ si me escucharas") (1999:19)
Nos encontramos, por lo tanto, ante un proyecto estético que encuentra "en el doblez" la forma de apartarse de los cómodos nichos simbólicos. El doblez no significa en absoluto una semejanza evanescente y desencarnada, una imagen vaciada de carne [...] Se define por la producción de superficies, su multiplicación y su consolidación. El doblez es la continuidad del derecho y del revés, el arte de instaurar esta continuidad, de tal modo que el sentido en la superficie se distribuya en los dos lados a la vez. (Deleuze 138).
Siguiendo esta propuesta conceptual de Deleuze para analizar las estrategias poéticas de Varela, se trataría de una literatura obsesionada en dar la vuelta a lo ya dicho, expresar la experiencia por dentro, buscar en el revés de las cosas para voltearlo hacia afuera y presentarlo de las dos maneras a la vez. Esa ha sido la forma de caminar entre el precipicio de las palabras y el silencio sin resbalar ni caer: asumir las obsesiones temáticas de su obra anterior e irlas anteponiendo, estilísticamente, a las mismas formas con las que fueron escritas.
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