Blanca Varela
Panorámica de una conciencia que despierta
Alberto Valdivia Baselli

Este primer libro nos muestra una poeta ya formada en la precisión y en la estrofa cerrada, trabajando universos abiertos de sentido, con un verso atento a sus alcances, pero manteniendo el mito, la consecuencia de su propio vuelo. En este universo inicial de la poeta, Varela construye una poética de la memoria activa de la realidad; afirma que lo que muestra existe, que lo que señala con el índice de la palabra es cierto. En ese mismo prólogo, Paz sentencia: "No creíamos en el arte. Pero creíamos en la eficacia de la palabra, en el poder del signo". Nada mejor para definir a esta primera Varela; la poeta recuerda (y hace recordar) la realidad que existía, limpia y sin ambages, antes que el hombre las pierda o las destruya. De esta manera la poeta, atenta a la retórica del mundo participante, permite que la realidad interactúe con la palabra designada a hacerla renacer: la poesía gesta no una realidad sino la realidad. El cosmos poético se construye y se muestra, se revela y, sobre todo, actúa. Luego, esta acción no es inocua sino que participa tanto de la "gestación" de una nueva realidad olvidada cuanto de aquella designada desde la destrucción, desde lo terrible, mostrada incluso en lo cotidiano, incluso en lo efímero o aparentemente intrascendente.

Varela suele construir un mundo minucioso desde el eje hostil y violento, no como un aspecto más del mundo circundante sino como un elemento esencial de una nueva realidad viva y en pleno cambio, conocida, sobre todo, desde el mundo interior de la poeta, que recién se descubre -con ojos infantiles- y se revela real a partir del acto poético.
Junto al pozo llegué,
mi ojo pequeño y triste
se hizo hondo, interior.
Estuve junto a mí,
llena de mí, ascendente y profunda,
mi alma contra mí,
golpeando mi piel,
hundiéndola en el aire,
hasta el fin.
La oscura charca abierta por la luz (1996:50).
La introspección como fenómeno de asimilación inversa de la realidad (la exterior desde la interior) es un mecanismo de confrontación con el lenguaje y con la temática usual en Varela. Ella es la realidad, el entorno es el protagonista. En el poema "El capitán", la poeta alegoriza una batalla onírica que avanza sin tropiezos a marcar una lucha personal de arrastre del "mundo todo", donde no es tanta la batalla, el avance, sino lo que se debe arrastrar, lo contenido en el mundo aquello que designa la realidad en ella, el "yo" poético: "Sólo el mar canta esta leyenda" (1996:58)

En otros poemas de este primer libro, como "Historias de oriente" La autora se plantea la posibilidad del claroscuro que aglutina a la realidad y conforma su orden. Este orden incierto pero siempre onírico desde la perspectiva de la poeta, se ve infectado, casi sorprendido por su voz lúcida y algo ajena a ese mundo, que sin embargo conoce claramente. Otro registro trabajado en el poemario es una sutil y negra ironía: "Primer baile" es una terrible metáfora de la condición humana, presentándola como una macabra danza entre el hombre y su propia existencia.

"Destiempo" es, probablemente, el poema arquetípico del espacio emocional que el libro abre. En este poema, Varela amplía su visión del mundo recién descubierto hacia al mundo múltiple que se embebe de sí mismo, se sufre y se sorprende:

Toda palidez inexplicable es el recuerdo
Travesía de muralla a muralla
el abismo es el párpado
allí naufraga el mundo
arrasado por una lágrima (1996:71)

Estos "destiempos" elaboran sus engranajes y su visión desde aquello que siempre llega tarde, como el hombre, a las preguntas que ignora o que quisiera ocultar: la muerte y la trascendencia cierran este primer libro, también demasiado tarde:
Y voy hacia la muerte que no existe
que se llama horizonte en mi pecho
Siempre la eternidad a destiempo (1996:72)