Quechua

Se permitió además que la misma Macaca construyera al lado una cabaña de madera para que durmiera el jardinero que tenía como obligación contratar. Macaca cambió el interior de su vivienda sin pedirle permiso a nadie. Se deshizo del escritorio donde había concertado las ventas y en su lugar colocó un colchón modesto. Contaba también con una mesa de madera. Decoró el espacio con una serie de pequeños frascos en los que había metido frijoles envueltos en algodones humedecidos. La cabaña del jardinero era más modesta que la caseta en la que vivía Macaca. Sólo tenía un colchón en el suelo y una palangana junto a una jarra de níquel.

La incomodidad de la cabaña no parecía ser el motivo por el que los jardineros renunciaban al trabajo. Aquellos hombres casi nunca podían expresar en palabras sus razones. Se limitaban a dejar desperdigados los instrumentos alrededor del parque y desaparecían de pronto. Al principio Macaca se sentía desconcertada con aquellas conductas. Con el tiempo terminó por acostumbrarse. Contaba con un sistema para probar a los aspirantes. No se separaba ni un centímetro de los hombres que acababa de contratar.

No sólo escudriñaba el trabajo que iban realizando sino que los perseguía dándoles consejos. A veces intervenía arrebatándoles, sin ninguna explicación, las herramientas para ponerse ella misma a utilizarlas de la manera debida. Pero ahora, cuando siente una inusual nostalgia por el luchador muerto por acción de la policía, no quiere pensar demasiado en los problemas que diariamente tiene que soportar.

BUITRE

Tal vez por eso ha decidido que es el momento adecuado para colgar el letrero que acaba de pintar: "Se necesita jardinero amoroso", se lee en letras rojas. Hace diecinueve años que Macaca ha vendido la última casa de la zona, dijo mi abuelo mientras intentaba, sin conseguirlo, alejarme de los inmóviles camellos. Había sido desde el comienzo muy cuidadosa con las operaciones financieras, y consiguió que tanto los dueños como los clientes quedaran siempre satisfechos con su trabajo.

Pero a pesar de sus logros nunca dejó de torturarla el recuerdo del fin trágico de su romance con el luchador oriental. El amante murió de un disparo durante el allanamiento al taller donde fabricaba sus zapatos. Poco tiempo después Macaca consiguió aquel trabajo de vendedora de casas. Como sospecharán, decía mi abuelo muchas veces al vacío, no todo estaba en orden en su vida. Además del recuerdo de la muerte del amante oriental, padecía siempre el problema de la renuncia de los jardineros. Los últimos meses habían sido realmente dramáticos.

Hubo días en que la abandonaron hasta tres aspirantes en una misma jornada. Los vecinos le llamaban la atención una y otra vez. La mortificaban en forma constante. En parte porque los jardines se veían descuidados y porque además no querían tener todo el tiempo a extraños dentro de la vecindad. Macaca había intentado muchas soluciones para resolver el asunto. Finalmente se le ocurrió la estrategia del cartel. Trazó las palabras en una tabla de madera. Luego la colocó en el tronco de un roble algo añejo. El cartel se mantuvo al vaivén del viento durante un par de días. Contra las expectativas de Macaca, en las primeras jornadas aquel aviso pareció ahuyentar a los posibles jardineros. A diferencia de lo que ocurría en circunstancias normales, cuando un simple letrero atraía a varios hombres al día, no se presentó ningún candidato.

Macaca estaba a punto de descolgarlo cuando sorpresivamente aparecieron dos hombres interesados en el trabajo. Ambos casi al mismo tiempo. Los entrevistó por separado. Macaca aceptó contratarlos a los dos. Al primero, el Maestro Espín, le ofreció a cambio de las labores de jardinería ayudarlo a desarrollar "la teoría mariótica" que había ido ideando mientras daba clases de matemáticas a los alumnos de una escuela del estado. Al segundo, el Hermano Francisco, le ofreció esconderlo de las gentes que supuestamente lo perseguían por un delito que decía no haber cometido. Macaca había pegado, en la pared interior del remolque, un viejo afiche de cine donde se publicitaba una película del actor chino Bruce Lee. Se me hace sumamente curioso que mi abuelo se haya referido a Bruce Lee durante sus interminables discursos sobre Macaca.