El presente trabajo de Lady Rojas (que promete un segundo volumen según el auspicioso prólogo de la crítica literaria Susana Reisz) contiene, como acabamos de mencionar, creaciones de catorce escritoras, las que se organizan de acuerdo con las variadas modalidades literarias dispuestas a lo largo del texto. Si bien son conocidos los casos de escritoras que entran cada vez con más fuerza en el ámbito de la narrativa, es sintomático el exiguo número de dramaturgas que se mencionan y que, a decir por la propia autora, se debe al escaso material bibliográfico sobre el teatro peruano actual escrito por mujeres. Ante esta insuficiencia, la única guionista antologada es la, conocida periodista Marcela Robles.
Aunque nos resulte alentador y significativo el gesto de la autora al solidarizarse con escritoras desvalorizadas por la crítica literaria, nos llama la atención los altibajos cualitativos de los textos seleccionados. Cabe pensar que estos desniveles se deben al afán desmedido de la autora por "alumbrar" a aquellas escritoras olvidadas por la crítica literaria patriarcal o, tal vez, al escaso material de producción de muchas de ellas.
Desde otro ángulo, la autora conjuga acertadamente las piezas seleccionadas con sus respectivos análisis desde diversos ámbitos de la crítica literaria, y cierra el círculo con las entrevistas a cada una de ellas. Creemos que el acto de poner a hablar en una misma mesa: creación y testimonio, invita al lector no sólo al diálogo abierto sino a conocer más de cerca a escritoras disponibles y solícitas a cualquier pedido literario y que no se inmutan con el éxito o el fracaso en el mercado editorial.
De otro lado, la particularidad de la mayoría de ellas es que están marcadas por los cambios sociales, políticos y económicos surgidos en el Perú de la década del setenta, y que, en algunos casos, se ven reflejados en sus creaciones y actitudes frente a la vida. No nos hallamos frente a simples y pasivas espectadoras del quehacer literario y cultural, sino de activas partícipes de la vida pública. Si indagamos en las escuetas notas biográficas observamos que más de una es catedrática, labora en una ONG o forma parte de los grupos feministas Manuela Ramos y Flora Tristán.
Esto último se enfatiza en el caso de las escritoras Doris Moromisato y Rosina Valcárcel. La primera explora en el campo de la narrativa el sugestivo tema del sujeto homoerótico adolescente en el marco de un país en plena crisis política, económica y social. Y en el caso de Rosina, su actitud combativa y de compromiso social se evidencia ante el análisis
comparativo, propuesto por la misma Lady Rojas, con su colega y contemporánea
Esther Castañeda, quien de manera inversa opta por el juego formal y la
evanescencia del sujeto lírico, preconizando las singulares posturas y
signos que las diferencia de otras escritoras.
Por experiencia vital sabemos que la pasión feminista cuando se desborda
hunde antes que ayuda. Las escritoras peruanas ya han sido enarboladas,
zarandeadas, sacudidas y hasta esgrimidas, ya no necesitan de sonrisas
condescendientes sino de un merecido respeto a sus valores literarios,
si los tienen. Es por esta razón que agradecemos las buenas intenciones
de la autora, admiramos su osada y desinteresada selección, pero a la
vez tememos que en ese impulso de hacer justicia termine por levantar
un gueto del que esperamos ya no formar parte.