José Pancorvo. Profeta el cielo.
Lima: Alba Editores, 1997.
José Gabriel Cabrera Alva

Antigua la relación entre poesía y misticismo. Relación hecha de lazos que más allá de lo formal se dan en la invisibilidad del sentido. Sin duda, tanto el místico como el poeta buscan en su propio balbuceo, inmersos en la oscuridad del lenguaje, lo indecible, para luego, en un instante (que no se puede calificar de otra manera que de sagrado) recibir una iluminación y hacerse videntes de una realidad oculta para el hombre no iniciado. Y sin embargo, la poesía y el pensamiento contemporáneos se pretenden divorciados de la búsqueda de lo santo. Edad postmetafísica, postcristiana, diría más de uno, a pesar de lo cual el hombre busca, como siempre, un sentido que ilumine su vida.

Es por esa vía que transita Profeta el cielo, y a pesar de nutrirse de elementos y formas antiguas o quizá por lo mismo, es, contra lo que podría pensarse, renovador: en la medida en que vuelve a ser nuevo un tema antiguo que, paradójicamente, no cuenta con una real tradición en la poesía peruana: la poesía de espíritu místico.

En este poemario se siente la influencia de San Juan de la Cruz. Por ejemplo, en la sección Cantar de la Eternidad (a nuestro modo de ver la más lograda del libro) el yo poético dice: "Muero porque no muero en el sentido" (poema XXV), lo cual no sólo es una cita, una apropiación del " muero por que no muero" de Santa Teresa a través de San Juan, sino una asimilación de la intención escritural del Santo; al colocar luego de la cita, una palabra rica en contenido para éste: sentido. Dicho elemento sería para el místico: "sentido espiritual", "capacidad del alma para lo divino", "receptáculo de las grandezas de Dios", etc.

Quisieramos mencionar con relación a esto, que sentido para San Juan se asocia también con "el más profundo centro", elemento que en la poesía de Pancorvo es fundamental y se sugiere por semas de unión y equilibrio presentes en los lexemas: /únete/, /inmóvil/, /equilibra/, /unidad/, /estática/, etc. Además de ser señalado de manera explícita cuando el poeta dice: "cuando soñamos juntos las balanzas/ del sueño se equilibran hasta el centro" (Cantar de la Eternidad-poema I). Dentro de este tópico del centro y de la unidad, José Pancorvo ha escrito: "Ciencia como unidad/ Unidad en fuego sobre ruedas evidentísimas" (Post Ierusalem-Gran Sabaoth sobre la tumba del caos). Cabe señalar con relación a esto, que el Amor Divino, lo místico en San Juan, no tiene implicaciones puramente espirituales sino también intelectuales, pues lo entiende como una ciencia, es decir, como afirma Helmut Hatzfeld: "un eros intelectual que antecede el enamorarse del alma porque, sin él, el objeto de amor no podría reconocerse" (Helmut Hatzfeld. Estudios sobre mística española, Madrid: Gredos, 1976, p. 377).

Es a esta ciencia a la que se refiere el yo escritural del poemario que nos ocupa, la que asocia con una unidad en fuego, vale decir una fusión mística; fusión que reposaría sobre ruedas evidentísimas; a saber, el develarse, el des-ocultarse del ser de lo íntimo que es en nosotros lo divino, evidenciado cuando se ha escalado difícilmente el camino virtuoso, y cuando uno se ha hecho vidente de la profundidad del Verbo. Hemos hablado de unión mística, mencionemos someramente lo siguiente para concluir: los símbolos que atañen a la unión mística (en España al menos) tratando de mostrarnos lo que se siente al iniciarse el "beatífico arranque de amor", pueden asociarse (en casos como el de Santa Teresa, Fray Luis y San Juan) con el sema /luz /; y de hecho, la luminosidad /claridad, o el destello/ estallido son ejes fundamentales de Profeta el cielo, utilizándose lexemas como: /estalla/, /aclararé/, /fuego/, /brillo/, /relámpago/, /relumbre/, etc. Luz, quizá sea éste el sema fundamental que determina la virtud última del presente poemario: restituir con luminosas palabras, en una época de indigencia metafísica, lo divino (el Verbo) a nuestro horizonte cultural.