Una antología discutible
Camilo Fernández Cozman

No cabe duda de que hacer una antología implica sus riesgos. En muchas ocasiones preponderan el gusto del antologador o la falta de rigor. Sin embargo, lo importante es el marco epistemológico sobre el cual se aborda el estudio de la literatura peruana. Es medular el empleo de una teoría (o de varias) y de una metodología que conduzcan a seleccionar los mejores textos que constituyen una tradición literaria. Una antología es, pues, la selección de las más bellas páginas de una literatura, y esta tarea no es fácil.

Ricardo González Vigil1 intenta hacer una antología de la poesía peruana desde Manuel González Prada hasta nuestros días. Se trata de un trabajo erudito, cuyo resultado no conduce a una selección de los más importantes poemas de los autores más representativos, sino a una recopilación (esforzada y valiosa, sin duda) que transforma el libro de González Vigil en una especie de cajón de sastre donde vemos textos de más de doscientos poetas (¿?). La cantidad resulta, a todas luces, sorprendente: no hemos visto jamás una antología que abarque un solo siglo y que contenga tantos poetas.

Ni siquiera en la poesía francesa del siglo XIX (donde tenemos poetas como Baudelaire, Rimbaud, Verlaine o Mallarmé que han influido poderosamente en la literatura universal) ni en la del siglo XX (donde hay escritores imprescindibles, cumbres de la lírica occidental, como Apollinaire o Saint-John Perse, verbigracia) podemos hablar de 200 poetas antologables. Si comparamos la poesía peruana del siglo XX con la francesa del siglo XIX, nos damos cuenta de que tal vez sólo Vallejo estaría a la altura de Baudelaire o Rimbaud; por lo tanto, ¿cómo admitir que nuestra poesía, en sentido riguroso, tenga 200 poetas antologables?

Además, hay cierto entusiasmo un tanto ingenuo de González Vigil. Es cierto que la lírica peruana tiene grandes autores (Vallejo, Eguren, Adán, Eielson, Moro o Westphalen, por ejemplo), pero considerar a Eduardo Rada o José Beltrán Peña en una antología es un verdadero insulto a la memoria de Vallejo o de Eguren. Nos parece que hay otros autores que han hecho más por nuestra poesía como Carlos Henderson, quien tiene mayor calidad que Rada o Beltrán y que, sin embargo, González Vigil omite en su pseudoantología. Asimismo, es discutible la inclusión de Esther M. Allison, quien, según González Vigil, es "una de las voces femeninas más altas no sólo de la poesía peruana, sino de la poesía del siglo XX en general". Para enseguida afirmar que: "ya es hora de que ocupe su sitio entre las cumbres de la poesía femenina hispanoamericana" (t. I, p. 477). Por respeto a la memoria de la gran poeta mexicana Sor Juana Inés de la Cruz, nos parece que debemos decir que Allison está muy por debajo de su ilustre predecesora y muy lejos incluso, de Blanca Varela. González Vigil, cuando habla de Allison, se deshace en elogios, pero la selección de poemas que esgrime no resulta suficiente para convencernos acerca de la importancia de su obra.


1Ricardo Gónzalez Vigil (comp.) Poesía peruana, siglo XX. Lima: Ediciones Copé, 1999, 2 tomos.