Entrevista a Peter Elmore

A.Z.: En la tradición narrativa peruana, Vargas Llosa es un clásico; pero, ¿hay una continuación de sus propuestas?

P.E.: Lo que pasa es que cuando hay una tradición nacional reducida hay algunos autores que se convierten en puntos de referencia inevitables, incluso cuando la escritura del narrador que le sigue es completamente distinta, a partir precisamente de ese punto de referencia que se está negando. En el caso de Vargas Llosa, como es un autor que ha seguido con fuerza el modelo de la impersonalidad flaubertiana, entonces sus libros son muy distintos entre sí, pero no hay, creo, un estilo vargasllosiano, no hay un lenguaje que sea identificable como lenguaje de Vargas Llosa, a diferencia de lo que ocurre con García Márquez y con Borges.

A.Z. : Pero podemos hablar de una estructura vargasllosiana…

P. E.: Sí, hay una estructura vargasllosiana que es tan notoria, tan evidente que si la utilizas parece que estuvieras cayendo en el pastiche. Por ejemplo, si utilizas diálogos telescópicos como los de Conversación en la Catedral, inevitablemente el lector va a sentir que está leyendo a un imitador de Vargas Llosa. Entonces, de alguna manera, es fácil sustraerse a la influencia más obvia de Vargas Llosa; pero, por otro lado, es un punto de partida para cualquier persona que escriba. Es imposible escribir de manera realista sobre Lima y no suscitar de alguna manera comparaciones con Vargas Llosa, y no sentir que está partiendo de un universo que ya está censado literariamente por otro escritor, que además es un gran escritor. Entonces, hay una situación ambivalente con Vargas Llosa.

La influencia de Bryce -que me parece fue muy fuerte en escritores que aparecieron en los 70 y en los 80; la mayoría de esos escritores son escritores que ya han sido olvidados- es más fuerte porque hay una entonación en la oralidad del narrador, un ritmo, una cadencia, ciertos rasgos como el de la repetición de diminutivos que se convirtieron en tics y que son más fácil de imitar, y que cuando se le pegan a uno es difícil deshacerse de éllos. Pero lo interesante ahora, volviendo a esto de las influencias, es que Vargas Llosa y Bryce siguen siendo escritores muy activos; no solamente activos, probablemente están entre los escritores más productivos de los años 90. Ese es un dato muy importante. No son escritores que ya cumplieron su ciclo; siguen siendo escritores importantes que siguen trabajando. A veces tengo la impresión que sólo se reconoce como literatura a la que producen en un determinado momento escritores nuevos, y eso empobrece muchísimo la perspectiva.

A.Z.: Sin embargo, una línea de la narrativa joven producida en los noventas se caracteriza por desconocer deliberadamente el canon, la tradición literaria. Hay una especie de parricidio por ignorancia.

P.E.: Yo creo que hay un riesgo y una posible ventaja. En algunos casos, el peso de la influencia, el respeto por los clásicos recientes puede acallar la voz. Me parece que claramente eso ocurrió por ejemplo en la poesía mexicana durante mucho tiempo, por el magisterio de Octavio Paz. Entonces, a veces incluso ese parricidio por ignorancia o ese rechazo al magisterio puede ser liberador. Ahora, puede ser liberador siempre y cuando uno tenga otras referencias; porque cuando no se tiene otras referencias, el producto, el texto que sale es siempre muy pobre porque está mal tejido.