
 
Entrevista
a Peter Elmore
Peter Elmore nació en Lima en 1960. Licenciado en Literatura por la Pontificia
Universidad Católica del Perú. Obtuvo un doctorado en Literatura Latinoamericana
en la Universidad de Texas en Austin. Reside en los Estados Unidos desde
1986 y actualmente es profesor de la Universidad de Colorado. Ha publicado
los libros de ensayos: Los muros invisibles. Lima y la modernidad
en el siglo XX (1993) y La fábrica de la memoria. La crisis
de la representación de la novela histórica en Latinoamérica (1997).
Sus dos novelas Enigma de los cuerpos (1995) y Las pruebas del
fuego (1999) fueron muy elogiadas por la crítica. Elmore combina con
acierto la perspicacia crítica y la agudeza irónica en esta entrevista.
Ajos
& Zafiros: Aunque consideramos que no existe una generación de los
90, tenemos un conjunto de nuevos textos narrativos publicados en este
periodo. Entre este conjunto y la narrativa anterior, ¿observas algún
tipo de ruptura o cambio significativo? En uno de tus artículos, sostienes
que la poética realista es la predominante en la narrativa peruana; vemos
que en los 90 se produce una serie de textos que siguen la norma "realista"
pero que simultáneamente empobrecen la complejidad de la realidad. ¿Cuál
es tu visión al respecto?
Peter
Elmore: Yo creo que ustedes tienen razón: no existe una generación
de los 90. Lo que hay es un momento de recomposición del espacio literario
o del gremio literario -si tal cosa existe en el Perú-, y gente de distintas
edades que, por ejemplo, hubiera podido comenzar a publicar cuando tenía
veinte años, pero publica en los treinta, el que es mi caso. Enigma
de los cuerpos (1995) es una novela que sale relativamente tarde por
diversas razones personales, pero que también tienen que ver con la realidad
del país. En los años 80 era muy difícil publicar en el Perú y quizá eso
fue bueno a la larga, porque en el caso de narradores mayores - narradores
mayores por la calidad pero también por la edad, como Miguel Gutiérrez
o Edgardo Rivera Martínez- es evidente que los años 80 no les proponen
un espacio favorable para la publicación, y esto los lleva paradójicamente
no al silencio sino a proponerse empresas de mayor envergadura. Eso resulta
a la larga positivo, y en el caso de narradores más jóvenes impide que
los pecados de juventud se hagan públicos. Entonces, algo bueno salió
de la crisis de los 80.
En
términos de propuestas narrativas, el dato central sigue siendo que del
lado de los escritores y del lado de los lectores sigue existiendo la
exigencia de que la literatura, de algún modo, documente la realidad y
dé forma a la experiencia colectiva; entonces, por eso creo que la línea
central sigue siendo la línea del realismo.
Ahora,
me parece que cada vez es más difícil para los peruanos imaginarnos nuestra
realidad como una realidad orgánica o total. Las propuestas narrativas
y la representación en las novelas tienden a ser fragmentarias y a localizarse
en espacios sociales o generacionales muy delimitados. Y eso sí es un
dato significativo y nuevo. La excepción es La violencia del tiempo,
una novela en la que se sigue planteando que es posible crear metáforas
de la experiencia peruana.
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