Nuevos sujetos y escenarios de la novela
en los 90
Marcel Velázquez Castro

B. La figura del escritor se ha disociado del conjunto de saberes inherentes a los estudios literarios. Actualmente, para escribir y publicar no se necesita conocer ni la teoría, ni la historia literaria y en muchos casos ni siquiera las técnicas elementales de toda narración; basta con ser audaz y tener algo de dinero. Se ha roto el tabú, cualquiera puede ser escritor; los adolescentes escriben cuentos y poemas antes de empezar a combatir contra el acné, porque publicar libros es casi un imperativo juvenil.

C. Entre los críticos existe consenso en torno a que la poética realista sigue siendo hegemónica en la narrativa peruana; sin embargo, en los 90 se ha fortalecido el desplazamiento de la totalidad a la dispersión. Predomina la imposibilidad de imaginar una realidad total o construir metáforas nacionales; la representación se hace fragmentaria y se localiza en espacios sociales, generacionales y sexuales delimitados.

D. La juventud es el consumidor privilegiado en la era posmoderna y la literatura no escapa al imperio del mercado. Por ello, abundan en la narrativa: la simplificación de las estructuras de composición, un lenguaje despojado de ornamentos, un vocabulario limitado, y la imposición de temáticas como las calles, la violencia, la soledad, la indiferencia, el sexo y las drogas.

E. Se ha desarrollado un género con muy pocos antecedentes en nuestra literatura3 : la dicción autobiográfica4 (el diario, las memorias, la autobiografía y las confesiones). Los diarios de Julio Ramón Ribeyro (La tentación del fracaso, 1992); Mario Vargas Llosa (El pez en el agua, 1993); Alfredo Bryce Echenique (Permiso para vivir, 1993); Juan Ríos, Sobre mi propia vida (1940-1991) publicado en 1993; y Francisco Igartua (Siempre un extraño, 1995). Existen otros textos de la incipiente literatura de masas peruana que apuntan en esa dirección5 . Este fenómeno está asociado al redescubrimiento de la subjetividad y a la revalorización de la vida privada.

F. La novela histórica se ha convertido en uno de los vectores centrales de esta década. Oscar Colchado Lucio (Rosa Cuchillo, 1997) nos proporciona una perspectiva inédita de la violencia subversiva, otorgándole densidad mítica a los recientes sucesos históricos. Fietta Jarque (Yo me perdono, 1998) y Carlos Thorne (El señor de Lunahuaná, 1994 y El encomendero de la adarga de plata, 1999) proponen exploraciones en las subjetividades y los espacios privados antes que en los acontecimientos históricos de carácter público, y esta parece ser la tendencia hegemónica del periodo en este sub-género. Miguel Gutierrez (Poderes secretos, 1996) y Francisco Carrillo (Diario del Inca Garcilaso, 1996) -notable autobiografía ficticia-, escriben singulares textos donde desarrollan otras vueltas de tuerca al inagotable tema garcilasista. Colchado Lucio (¡Viva Luis Pardo!, 1996) recupera un personaje de la historia popular y oral en una ficción tan sencilla que roza la literatura infantil.


3Destacan los diarios de José García Calderón (Diario íntimo); el de Alberto Jochamowitz (Lima d´antan, 1971); ambos escritos en francés. También cabe mencionar las siguientes memorias: Memorias (1963) de Enrique López Albujar y Mucha suerte con harto palo (1976) de Ciro Alegría; aunque en este caso, el ordenamiento final correspondió a Dora Varona.

4Una aproximación teórica a este concepto puede consultarse en el artículo de Sergio Ramírez (1999), donde analiza los diarios de Ribeyro.

5Debemos considerar en este apartado las biografías noveladas de actores y actrices de la televisión nacional. Este conjunto de textos está vinculado con el lento emerger de una literatura de masas en el Perú.